Reglas básicas para comentar un libro sin tener que comprarlo ni leerlo

Reglas básicas para comentar un libro sin tener que comprarlo ni leerlo

El poder de la lectura es indiscutible: acerca, aleja, afianza, agobia, alegra, brinda, beneficia, blinda, capacita, debela, depura, desasosiega, distrae y dignifica. También emociona, ennoblece, enseña, educa, edifica, fabula, favorece, forja, facilita, habilita. Gracias a ella, husmeamos, dejamos de ser huraños, superamos la hosquedad; sabemos que inspira, instruye, nos hace joviales, es motivo de júbilo, en fin, contribuye a elevar todos los sentimientos afectos a la naturaleza humana.

Exceptuando el sentimiento amoroso o una buena comida, nada supera una lectura. Lo sabemos: La lectura agudiza el pensamiento y abre ventanas a la imaginación, brinda beneficios a la creatividad …, cierra todos los caminos que conducen al ocio, difunde y depura el buen lenguaje, entretiene, y educa a la vez, estimula la percepción y la capacidad de concentración, facilita la comunicación y es garantía de una mejor expresión y de un ameno entendimiento entre las personas y, como si fuera poco, legitima y libera y retarda los achaques propios de la vejez.
Sobre los benéficos resultados del hábito de la lectura se cuentan muchísimas historias. Yo cito apenas las siguientes: se afirma, por ejemplo, que quienes tienen el hábito de lectura, gozan de una mejor vida sexual y se ha llegado hasta afirmar que fue un anciano, buen lector y erotómano, quien escribió el Kamasutra. De otra persona, en la antigüedad, se sabe que a base de leer y releer manuscritos se volvió sabio y llegó a gobernar a su país con tan buen tino que hoy todavía se le recuerda.

De algunas personas se dice que, la sola lectura del libro Cómo hacerse millonario en cuatro años sin tener que trabajar, les abrió el camino a muchos para, efectivamente, convertirse en millonarios en ese tiempo, y lo asombros es que lo lograron antes de los treinta años de edad. Para estos casos, basta con que su padre o un tío tenga un equipo de futbol, una notaría, o un partido político (preferiblemente del centro) o que su padre o su tío haya sido presidente de algo, no importa que lo haya sido de un país. Se recordará que a muchos otros, la lectura de un único libro durante su vida, de manera profunda y permanente, les ha servido para enriquecer su vida espiritual, para estar en contacto con el más allá o incluso, con el más acá, para haber gozado de una vida sexual plena y estimulante hasta bien entrado los años.

Se afirma, sin que exista constatación alguna, que también la lectura ha causado serios perjuicios o desviaciones en algunos casos. Sin embargo, esto es inexacto, pues se ha llegado a comprobar que los casos adversos que se han citado como consecuencia de la lectura, se han debido más a la falta de comprensión. Quiere decir esto, que la adversidad presentada, se ha debido más a una severa ineptitud comprensiva que a la lectura propiamente realizada. Este es el caso de quienes han leído, sin comprender, por ejemplo, El diccionario del diablo, de Ambrose Bierce, cuya comprensión desviada del libro, ha conducido a muchos malestares psicológicos. Esta afirmación es válida también para quienes con un notorio déficit de capacidad comprensiva se han atrevido a las lecturas de El libro de Thot, El libro de Dzyan, El manuscrito de Voynich, y otros más.

Como vemos, pues, anotar palabras en favor de la lectura y de los beneficios que brinda, resultaría innecesario. Sin embargo, en ocasiones y dada la dificultad que se presenta de poder acceder a un libro, por circunstancias que no vienen al caso citar, recomiendo la lectura y puesta en práctica de las siguientes reglas básicas que le instruirán sobre la manera de comentar un libro sin tener que comprarlo ni mucho menos leerlo. No obstante. Previo al conocimiento de estas reglas básicas, le recomiendo dar algunos pasos previos que, sin duda. le ayudarán a obtener un mejor resultado.

Antes que nada, resulta favorable al propósito deseado, que usted dé a conocer el o los lugares en los que le gusta leer. No es necesario que esto sea así. Puede decir que le agrada leer acostado, en la comodidad de un sillón o de una poltrona, en un bus, en el tren, en el avión, en Transmilenio, en un taxi, recostado en la pared esperando a alguien o en el baño, sentado cómodamente en el bacín. Diga que con alguna frecuencia lee a la sombra, debajo de un árbol, en un motel, en la playa, en la cocina, mientras hace el café, en la terraza atisbando ventanas abiertas, en el sótano, en la cafetería, en la sala de espera del consultorio médico, en la funeraria, acompañando al familiar o al amigo que partió, incluso haciendo el amor con su esposa o su amante secreta. No desperdicie la ocasión ni se avergüence de decir que leyó tal o cual libro estando preso, escuchando un discurso presidencial, un noticiero, una retahíla de un político que padece del delirio de persecución o viendo un partido de futbol. Recuerde, no importa que esto sea falso, lo importante es que usted impacte.

De igual manera, comente (es de muy buen recibo entre el círculo de amigos), que usted tiene su estilo particular de señalar las palabras o textos que le resultan importantes o que vale la pena recordar. Diga, por ejemplo, que utiliza un lápiz, un resaltador, un gancho, un señalador, un clip, un palillo o una servilleta; jamás diga que le gusta doblar la página en cuestión, es de muy mal recibo entre los lectores auténticos. Así mismo, siempre que se le facilite, hable de autores y de sus vidas. Esto último se le facilitará si lee con alguna frecuencia Publímetro o ADN que en ocasiones destacan autores famosos o, si se acerca, aunque sea una única vez, a una feria de libros de las que con frecuencia realizan en los parques o en los andenes los vendedores de libros. Ellos, los vendedores callejeros de libros, realmente, si saben de autores y de libros. Nunca se apoye en los noticieros de radio o televisivos, ellos jamás hablan de libros o de autores, a menos que sean los propios presentadores los que lo hayan escrito.

De modo, pues, que seguidas al pie de la letra estas recomendaciones previas, no hay razón alguna para desconfiar de los benéficos resultados que logrará al poner en práctica estas reglas conducentes a comentar un libro sin tener que comprarlo ni leerlo. Se conoce, con sobrada amplitud, y desde que el libro es libro, que hay solo un problema para leerlo, en realidad son dos: el precio y la falta de tiempo. Como es ampliamente conocido, un libro no está al alcance de todos los bolsillos y, para otros, aun estándolo, no disponen del tiempo necesario para dedicarse de lleno a esta actividad.

Hay quienes señalan que, aparte de estos dos impedimentos, existen otros más y citan a renglón seguido la prepotencia o la arrogancia de creer que, con lo que la naturaleza los dotó, es suficiente, que es lo máximo; las ínfulas que suelen darse algunas personas al presumir de saberlo todo y, finalmente, señalamos la filoegomanía, o sea la manía de creer más en el yo que en los demás o sea el super yo, el super-super a quien nadie supera. Estos tres impedimentos, sin embargo, pertenecen a otros campos de estudio y escapan a los propósitos de estas reglas.
Por escapar a la naturaleza y los límites de este texto y dada la dificultad para encarar o superar estos tres últimos impedimentos, las siguientes reglas o recomendaciones -seguidas al pie de la letra – contribuyen a superar las dos primeras falencias, es decir, la del costo y la del tiempo, y brindan, además, un estado de seguridad y confianza en quienes las practican con cierta regularidad.

Cientos de observaciones, bajo las más estrictas reglas de confiabilidad, garantizan el éxito de las mismas y, aunque puede darse situación en las que en algunos casos se fracase o no funciones por completo, esto podría achacarse más al incumplimiento de algunos pasos o a la falta de confianza en sí mismo, que a la falta de efectividad de estas reglas. Estas son:

Regla 1. Vístase con aire de intelectual y diríjase a una librería importante. Con paso seguro, acérquese a la vitrina de la librería. Si se le facilita y tiene el tiempo suficiente, visite varias librerías antes de entrar definitivamente a una de ellas y poder cerciorarse bien del último libro del autor de moda. Esto, en caso de no haber leído Publímetro o ADN o no ha escuchado noticieros.
Regla 2. Párese recto frente a la vitrina de la librería escogida con aire de buen lector (Hay quienes recomiendan llevarse la mano al mentón) y fije la vista en el libro que ha seleccionado. Pregunte a otro u otros observadores, si los hay, sobre el libro o el autor. Asegúrese bien, no se avergüence, ellos andan en lo mismo.
Regla 3. Grábese el nombre del libro y del autor escogido.
Nota: Se recomienda observar con mucho interés el libro en la vitrina de la librería.
Regla 4. Permanezca varios minutos con la atención puesta en el libro. Adopte un porte de persona lectora y conocedora de libros. Dese aires, no se amilane. Haga cualquier tipo de gesto para atraer la atención del librero y asegúrese de que éste lo vea y se dé cuenta del interés que usted tiene por ese libro.
Regla 5. Cumplida la regla 4, entre con paso firme a la librería y pregunte por el libro. Se lo traerán de inmediato ya que el librero sabe que usted vio el libro y ya lo ha visto a usted desde el interior, a través del vidrio de la vitrina. He ahí la importancia de seguir la Regla 4.
Regla 6. Pregúntele al librero por el libro. Ellos saben algo de libros y le podrán decir cuándo llegó, sobre el autor, de la editorial y del precio. Esto es muy importante, pero trate de sacarle un poco más. Le hablará entonces del libro y del porqué de la importancia de la cual goza en este momento. Repita esta acción en otra u otras librerías.
Regla 7. Seguida la regla 6, cerciórese de tener algo de dinero en el bolsillo. Diríjase, con rapidez, a un café-internet, acomódese frente al computador, métase a google, escriba el nombre del libro o del autor. Si la red está funcionando y el computador está en buen estado, de inmediato sale la página en la que figura el autor o el libro. Hay tiendas en la web que le permiten leer hasta diez páginas. Cliquee la sección de comentarios, los hay de todo tipo. Algunos son muy buenos y están muy bien elaborados por personas que ya han leído completamente el libro. Seleccione uno de ellos y apropiase de él. Imprima el comentario.
Regla 8. Si ha seguido al pie de la letra las Reglas 2 y 7, no olvide pagar por los minutos de uso de la internet.
Nota: Por ningún motivo, trate de salir del café-internet sin pagar.
Regla 9. Diríjase a la tertulia a la que regularmente asiste y en el momento oportuno trate de enfocar la atención de los asistentes hacia este autor, luego hacia el libro del que ya sabe algo y repita lo que los libreros le han dicho. Luego, exponga -nunca de primero- el comentario del que se apropió en la red.
Regla 10. Si alguno de los asistentes ya leyó el libro y quiere analizar y discutir a fondo el tema o el contenido total del libro, opóngase o evite, con todo tipo de argumentos, que esto suceda. Diga, por ejemplo, que el autor es muy importante y que merece más espacio o que ya no hay tiempo para eso.
Nota: Es importante que usted mire el reloj antes de iniciar la discusión sobre el libro, no vaya a ser que aprueben la propuesta de analizar todo el contenido y usted va quedar muy mal parado.
Nota aclaratoria: La experiencia conseguida durante muchos años de práctica constante y continua, y, aún más, desde cuando funciona la internet, me ha demostrado, sin temor a equivocarme, que estas reglas, resaltadas en una antigua enciclopedia del saber humano, son infalibles, jamás fallan y ofrecen una agradable sensación de seguridad al demostrar a los demás, sobre todo, si se es docente, timador, expositor o político, el alto grado de conocimiento y de lo actualizado que está en cualquier materia. Le aconsejo, sin embargo, que no se confíe mucho de usted mismo, deje a un lado su filoegomanía y, sobre todo, no se exponga mucho o se dé demasiadas ínfulas frente a personas desconocidas, porte desgarbado, con aire despreocupado y con descuidada vestimenta y desarreglo personal. Desconfíe de ellos y aléjese de inmediato, por lo general, son sabios.

Instructivo infame para armar una calumnia y echarla a rodar

Instructivo infame para armar una calumnia y echarla a rodar

Leonardo Gutiérrez Berdejo

El vocablo calumnia, deriva del latín: calumnia-ae (decir, levantar) que, según la Real Academia de la lengua, significa una acusación falsa, hecha maliciosamente para causar daño. De acuerdo a María Moliner, significa imputación o acusación grave y falsa hecha contra alguien.

Otros significados nos llevan a las expresiones: desacreditar, desprestigiar, deshonrar, manchar, humillar, difamar a otro sujeto. Es una falta de respeto o consideración cometida contra alguien respetable; es falacia, falsedad, impostura. Se relaciona con la persona deslenguada, el impostor, el lenguaraz, el maldiciente, el chisme y la deshonra, Estas dos últimas apreciaciones, desde la visión semánticas, podría afirmarse, equivalen a un grado alto de depresiones maníacas en las que el autor se encuentra o cree encontrarse en una situación de omnipotencia absoluta por el dominio que tiene sobre el chisme o el acto deshonroso que causa a una víctima previamente seleccionada.

De la calumnia no escapa nadie: profesores, políticos, escritores, deportistas, actores, gobernantes, jueces, académicos, gentes comunes y corrientes, amas de casa. maridos, escritores, artistas, etc., etc., han sido en alguno momento víctima de una perversa acusación.

En el marco de la ley penal de varios países se castiga la calumnia. Es un delito perseguible, a instancia de parte y en países en donde, naturalmente, la justicia, no cojea, los jueces no sufren de estrechez en la vista ni del mal de las manos anchas y, de algún modo, llega. Sin embargo, esta normatividad con el paso de los días se está cambiando.

La calumnia es cercana a la mentira, al engaño, a la hipocresía y a toda clase maledicencias y ataca a la verdad, el honor, a la justicia y al respeto que merecen otros. Pero, hay diferencias, veámoslas: La calumnia es acusación falsa hecha con el propósito de causar daño; la maledicencia es la acción o hábito de hablar en perjuicio de alguien denigrándolo; el chisme, por su parte, se define como una noticia verdadera o falsa con que se murmura y con la que se pretende o se pretende difamar a una persona o a una institución, y, la envidia es esa tristeza causada en una persona proveniente del bienestar de otro. Anotan algunos que la envidia es “avinagrarse porque alguien la está pasando mejor que uno, lo que sea que esto signifique: más dinero, fama, talento, etc”.

Para una mejor comprensión, ejemplifiquemos este asunto y recordemos la historia de Cleopatra, quien fue víctima de una corte de envidiosos que no resistieron que en una mujer se conjugaran belleza, ingenio, audacia y sagacidad, y la calumniaron afirmando que era una auténtica meretriz que supo cautivar a Cesar y lo quiso envenenar. La historia, como todos sabemos, ha demostrado todo lo contrario: que Cleopatra era una verdadera y gran estadista.

La historia de la Juana de Arco, la preciosa adolescente francesa de origen campesino que fue víctima de una de las peores calumnias de la historia sin que el rey a quien ella había hecho coronar se ocupara de salvarla: Recordemos que, durante la Guerra de los Cien Años, Francia no cayó ante los ingleses gracias a la inspiración y al liderazgo exitoso de Juana sobre el ejército francés, lo que permitió derrotar a los ingleses. Sin embargo, la Inquisición la procesó como bruja, hereje y por el delito de usar vestimentas masculinas, mancillando su nombre de injurias y quemándola viva en Ruán un 30 de mayo de 1431. En su afán por enlodar la reputación de Juana de Arco, los ingleses incluso llegaron a afirmar que la joven se vestía como hombre y era buen soldado porque tenía partes pudendas de hombre y mujer a la vez (hermafrodita).

En el transcurrir de la humanidad, se relatan muchos juicios que por su impacto cambiaron por completo la historia. Se recordarán los juicios que se le siguieron a Sócrates, Jesucristo, Jan Hus, Giordano Bruno, Galileo Galilei, Miguel Hidalgo y Costilla, Caso Dreyfus y Émile Zola, Oscar Wilde y el de Al Capone.

Según algunos especialistas, la calumnia se la representa como un vientecillo que se expande por todos lados procurando crear una “realidad”, falaz y engañosa, que produce un efecto seductor; pues tal vez activa aspectos infantiles e inocentes del que lo escucha y duda… hasta que, en un momento, finalmente, la acepta como un hecho cierto.

Desde la Mitología, la Calumnia se representa como las Furias, aquellas Deidades romanas -identificadas con las Erinias o Euménedis griegas – dispuestas a torturar a Inocencia (representada por el cordero y las ovejas blancas), castigando y vengando las transgresiones éticas. También se la figura como un basilisco que mata sin tocar, sólo con mirar; esta cualidad lo asemeja a la Medusa Gorgona, representación mitológica de la envidia (Pérez Rioja, 1962; Cirlot, 1982).

Desde la perspectiva psicológica, se le considera un instrumento sádico-masoquista que se asocia a la destrucción y a la desesperanza del “yo” en medio de las vivencias frustrantes a las que se enfrenta en su diario trasegar o por no lograr aquello a lo que aspira. Para el sádico la vida no tiene sentido, pero la alimenta infligiendo dolor y tortura a los demás en un acto de autodestrucción: destruyendo al otro, se destruye a sí mismo. En su historial podría encontrarse que en su niñez fue víctima de actos de crueldad y de sadismo que transmite o haciéndole a otros, a quienes selectivamente elige, de lo que fue víctima él.

Por no citar sino solo unos cuantos ejemplos, este caso se presenta a menudo en muchas personas en las que las circunstancias amorosas, la vida política, la cuestión empresarial o la propia ambición de querer poseer más, los conduce a practicar este acto desprovisto de toda consideración o piedad. Históricamente, la calumnia ha sido siempre el arma predilecta de los incapaces, desplazados y rezagados intelectuales, aunque también lo ha sido de quienes no pueden soportar el triunfo o el buen nombre de los demás, por mínimo que este sea. Hoy, gracias al auge de los medios de comunicación, es sumamente fácil levantar una calumnia y hacerla llegar, en un santiamén, a millones de personas, través de la prensa amarilla, las redes sociales y otros canales.

Dado que el campo de la política se ha convertido en el preferido por un número creciente de personas que no han logrado éxito alguno en sus profesiones o en sus actividades normales o en otro campo, y vienen utilizando este medio de la calumnia de manera desesperada y sin tener el más mínimo conocimiento sobre la misma esperando alcanzar algún éxito o beneficios con aquello de que algo queda de ella, en el menor tiempo, bueno es recordarle a todos ellos que, para acelerar estos logros y resultados, se requiere tener alguno tipo de conocimiento sobre el arte de calumniar.

El presente instructivo busca llenar este vacío existente y está destinado a los nóveles aspirantes a la política y a mayores degenerados por la vida pública, brindando algunos elementos mínimos para armar una buena calumnia y echarla a rodar son el menor escrúpulo con el objetivo de que contribuya a una incursión exitosa y alcanzar un buen provecho en cualquier disciplina o práctica. El siguiente instructivo destaca los pasos primordiales e insalvables, sin embargo, puede ser mejorado y/o ajustado a las conveniencias o circunstancias de cada quien. Los pasos a seguir son los siguientes:

Paso 1. El paso previo de toda buena calumnia es crearse un enemigo. Sin un buen enemigo no hay calumnia ni envidia posible. Imagine, por ejemplo, que hay alguien que es mejor que usted o que le está haciendo sombra (esto no tiene que ser necesariamente cierto) Escoja de manera preferente aquella persona que le arrebató la novia (o el novio, según el caso), el profesor que no lo pasó, al académico que lo superó, al amigo que hizo la paz con algún enemigo suyo o el que se atrevió a criticarlo a usted o a sus hijos por algo que usted o sus hijos hicieron o dejaron de hacer, etc. El motivo jamás importa, lo que realmente importa es la creación del enemigo.

Paso 2. Ponga su mente en blanco y elimine o ennegrezca su conciencia con cualquier acto de amistad o bondadoso. Enfóquese o centre bien todas sus energías en la envidia. ¡Anímela! Rechacé cualquier pensamiento negativo que enturbie su decisión de causar daño a aquel que le haga sombra. No se preocupe por aclarar absolutamente nada. El primer golpe, siempre será el mejor.

Paso 3. Alimente durante varios días su propósito. Fíjese en un “algo” que la persona o el enemigo seleccionado haya o no haya hecho o que tenga y de lo que usted carezca. Tampoco importa esto, lo importante es “crear” ese algo. No olvide que sin enemigo no hay calumnia, pero sin envidia, no habría motivo o soporte razonable. La envidia es la mejor aliada de la calumnia y es de paso el mejor soporte.

Paso 4. El tono de voz es muy importante. Practique hasta el cansancio hablar en dos tonos: uno, bien bajito, como sin intención alguna o como si no quisiera que le escucharan, y, otro, bien alto, con el claro propósito de que todos a su alrededor le oigan. El tono bajito le ayudara a comenzar la calumnia, el alto, defender su divulgación. Recuerde que la calumnia o la difamación ya no son un delito, que han sido despenalizadas las ofensas proferidas contra el buen nombre y la honra de los demás. Tenga cuidado al utilizar las redes sociales. Un hacker lo descubriría con facilidad.

Paso 5. Prepare el camino de la calumnia inventando o repitiendo mentiras y actuando con alguna intención premeditada y malsana. Recuerde que la envidia es el paso previo y el sustento moral de una buena calumnia, pero la mentira y el dolo son sus mejores aliados y le dan la fortaleza necesaria para perdurar, extenderse y correr como el viento.
Nota: Es posible armar una calumnia sin la envidia, pero carecería de la fuerza necesaria para subsistir. No tendría arraigo.

Paso 6. Dele vida a su propia organización de cualquier naturaleza y arme una buena historia a su alrededor. Propague, por ejemplo, que su organización o partido político, cofradía o apostolado viene siendo víctima y de persecución por defender la familia o los valores morales. Puede afirmar, también, de que es un perseguido político o de lo que sea. De no poder conformar este grupo, intégrese a una congregación religiosa, a una asociación de ex(s) o, al menos o a cualquier grupo ya existente y en el que esté arraigado o en el que sea fácil inculcar el sentimiento de culpa o de persecución. Mejor sería abonar el terreno sobre una falsa persecución que el de culpa. Este último puede desviar los buenos propósitos que se quieren alcanzar con la calumnia.

Paso 7. Acostúmbrese a escuchar y a repetir –sin cuestionar- los chismes que a diario se repiten en las reuniones semanales de su partido político, en la cofradía o en la congregación a la que pertenece. Se recomienda hacer preguntas, pero siempre en tono bajo. El chisme y la deshonra, son dos instrumentos eficaces que usted siempre debe tener a mano y emplear a menudo.

Paso 8. A estas alturas usted ya ha tenido que apropiarse de un sentimiento que haya calado fácilmente en algún grupo o entre la multitud. Por ejemplo; un sentimiento religioso, patrio, caritativo, devoto, deportivo, cabalístico, profesional, de defensa de los animales o de amor por la tierra. También puede ser de admiración de algún héroe lejano u olvidado. Nota: Procure acercarse a toda persona lenguaraz, maldiciente o difamadora o utilizar los medios a su alcance. Serán sus mejores aliados para sus chismes, burlas y/o mentiras previas. La idea es llamar la atención y crear un ambiente favorable y animado a su alrededor para cuando inicie a rodar la calumnia.

Paso 9. Haga ejercicios diarios de comportarse como una “persona adolorida” o perseguida o como si estuviera enfermo o cuidándose de algo o de alguien. Mejor sería si se las tira de perseguido o de enfermo. Esto le ayudará a crear una atmósfera apropiada a su alrededor para comenzar a rodar la calumnia. Si desea lograr una mayor efectividad, conjúguela las dos con el paso 6.

Paso 10. ¡Lance al aire su calumnia! No tenga temor, no se arrepienta de nada, lo que importa es su ego, su propósito. No fallará. Algo quedará.

Observación: cuando ya la calumnia esté rodando, ponga cara de ignorar de que la conoce y de asombrarse de las consecuencias. De ser posible, acérquese a la víctima y diga que lo siente mucho y califique lo ocurrido como una marranada. Por nada del mundo deje de ser su amigo. Sea un buen hipócrita; recuerde que el pobre tipo o tipa ya está acabado. Si llegan a descubrirlo, ofrezca disculpas, diga que fue una víctima de buena fe.

La efectividad de este instructivo está comprobada de muchas maneras, sin embargo, de llegar a fallarle, (resultado casi imposible de que ocurra ) lo mejor es que regrese a la profesión o actividad en la que fracasó, es posible que, con el tiempo, la práctica haga de usted un buen maestro. No obstante, me siento obligado a reproducir algunas citas célebres de gentes famosas que le advierten sobre lo peligroso que resulta la actividad calumniadora:

Salomón: “Mejor es vivir en el desierto o dormir con una gotera cayéndote en la cara en una noche lluviosa, que convivir con un chismoso”.

William Shakespeare: “Aunque seas tan casto como el hielo y tan puro como la nieve, no escaparás de la calumnia”.

Cicerón: “Nada se expande tan rápido como la calumnia, nada se lanza con más facilidad, nada se acoge con más presteza ni se difunde más ampliamente”.

Proverbio turco: “No hay montaña sin niebla ni hay hombre de mérito sin calumniadores”.

Plauto: Los que propagan el chisme y los que lo escuchan, todos ellos deberían ser colgados: los propagadores por la lengua, y los oyentes por las orejas;

Del saber popular: ¡Quien te adule diciéndote lo que no eres, no estés seguro que no te calumnie contando lo no que eres!

Un tirano: ¡Calumniad, calumniad, que algo queda!

Bogotá, Junio de 2017