¿Alucinamos, Clink?


Sobre ¿Alucinamos, Clink?

No se me ocurre cosa distinta, al escribir estas líneas, que la siguiente: ¿quién no ha pasado por la angustiosa presión que produce una espera?, ¿quién, acaso, no ha sentido, en algún momento, la agobiante sensación de una alucinación? Es cosa común y corriente que, por alguna razón inexplicable, nosotros mismos o algunas otras personas, con quienes habitualmente vivimos o nos relacionamos, hayamos sufrido alguno de estos dos problemáticos casos.

Sabemos que hay esperas y alucinaciones de todo tipo. Hay esperas de enamorados, casuales, fallidas, de amigos, de las que uno quisiera que jamás se dieran; las hay que nos llenan de esperanza y otras más de incertidumbre y de miedo; también aquellas que nos deparan aflicción y alegría, felicidad y llanto, y, desde luego, las hay también funestas, cargadas de odio y, muchas, abiertas al placer.

Igual sucede con las alucinaciones. Todos, en algún momento de nuestras vidas o alguien, quizá, de nuestro entorno, ha experimentado alucinaciones, esas extrañas sensaciones en el cuerpo o en nuestros sentidos, sonidos inexistentes de música, de pasos, de puertas o ventanas que se abren o se cierran o que, en el peor de los casos, son golpeadas misteriosamente, sin que sepamos por qué o por quién; voces y conversaciones, gemidos angustiosos, órdenes o rechazos de seres a los que no vemos, pero que llegan hasta nosotros como si estuvieran presentes; también, luces, sombras, seres, olores y colores, que se agolpan en torno de nosotros, quizá, esperando el mejor momento para enviarnos un mensaje.

Los relatos de este libro llevan el sello de lo fantástico que encierran esas esperas y alucinaciones o, al menos, esa es la pretensión hacía lo inesperado y misterioso, hacia lo incierto y lo no deseado. Esto es lo que le sucede al leñador Lucas, al niño que espera a que su madre lo bañe, al hombre que cree hacer un viaje misterioso a Babilonia, al hombre que vive en una permanente fuga, a quien ha celebrado un brindis para festejar un golpe o a la persona a la que veremos visitar a una mujer en su tumba para reclamarle por su reprochable actitud calumniadora. Distorsiones del tiempo y del espacio que, con frecuencia, sufrimos, son representadas, aquí, a través de diez relatos, que dejo a disposición de quienes gustan de enfrentar estas realidades inesperadas e inciertas.

¡Qué extraño y aburridor sería este mundo si eso que llamamos realidad, no estuviera atravesada, absurda e inexplicablemente, por cosas u objetos, situaciones o momentos, que sólo pudieran ser explicados por la lente de la razón! Los agobios de las esperas y
las alucinaciones, como muchas otras cosas irracionales, también
tienen su particular encanto.

LEONARDO GUTIÉRREZ

7 de septiembre de 2017

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