Corrupias (Fragmento)


En mi cabeza rondaba la imagen de Midas Soro. Lo imaginaba, igual que a un poderoso Sultán.  Reclinado en un cálido sillón, en su espaciosa mansión de la capital del país, con toda seguridad que, el poderoso banquero, se encontraba en este momento alistándose para sentenciar o pontificar sobre los rumbos que habría de tomar la economía del país. A lo mejor dirá, palabras más, palabras menos, pero si, sordamente, que un honrado banquero y un político siempre tendrán motivo para llegar a acuerdos de provecho mutuo. Por prudencia, callará lo que querrá decir, a voz en cuello, acerca de que, “de concretarse un acuerdo con un político, siempre tendrá que respaldarse, de la mejor manera, con la palabra de un periodista, la decisión de un truhán, como el siciliano y las maniobras de un fiscal”. La terna ideal, mascullará, mientras mira el bosque circundante de su casa. 

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