Por qué es mejor centrarse en el proceso que en el resultado para escribir una novela


Por qué es mejor centrarse en el proceso que en el resultado para escribir una novela

Cuando un escritor (o alguien que aspira a serlo) empieza a dar vueltas a la idea de una novela —su argumento, sus personajes, sus posibilidades narrativas…—, lo que anhela es escribir una gran novela. Una obra que conquiste a los lectores y que perdure en el tiempo, una obra que siga siendo relevante para los lectores del mañana. No hay un deseo más honroso.

Pero ese deseo es, al tiempo que ilusionante, perturbador. ¿Cómo se escribe una novela?, ¿puedo hacerlo yo?, ¿tengo las capacidades necesarias?, ¿son este argumento y estos personajes lo bastante buenos? Cuando el objetivo es ambicioso, las dudas son mayores y la presión que ponemos sobre nuestros hombros, también. Es fácil sucumbir a ella y, finalmente, abandonar.

Sin embargo, hay una manera de alcanzar cualquier meta que nos propongamos, por ambiciosa que sea, y convertir el proceso en algo gratificante. Justamente consiste en eso: en centrarse en el proceso y no en la meta.

Céntrate en el proceso

Marcarse objetivos es muy necesario, como saben los alumnos que ya han pasado por el Curso de Productividad para Escritores. Es el modo de tener una diana, un blanco, hacia el que dirigir las flechas de nuestros esfuerzos. Pero no es suficiente.

Lo verdaderamente importante es centrarse en el proceso.

Es necesario tener claro que todo resultado (es decir, todo objetivo cumplido) es resultado de un proceso, de una serie de acciones sostenidas en el tiempo que nos llevan hasta él. Es la ley de causa y efecto, que tan bien deberías conocer como escritor: no hay efecto sin causa.

Perder diez kilos (el resultado) es la consecuencia lógica de comer sano y hacer ejercicio regularmente (el proceso). Escribir una novela (el resultado) es la consecuencia lógica de pensar bien la obra y escribir habitualmente.

Si comes sano y haces ejercicio regularmente, tarde o temprano perderás peso. La pérdida de peso es la consecuencia de la alimentación saludable y el ejercicio. Si trabajas en tu novela con dedicación de manera habitual, más pronto o más tarde la finalizarás.

Ahora bien, el quid está en centrarse en el resultado (el objetivo) o centrarse en el proceso. Y parece que centrarse en el proceso da mejores resultados y aporta más felicidad. Vamos a ver por qué.

1. Centrarse en el proceso genera satisfacción inmediata

Un modo de acicatearnos para conseguir nuestros objetivos es pensar en cómo nos sentiremos cuando los consigamos. Imaginar, por ejemplo, lo bien que estaremos con diez kilos menos, sin que nos cueste subir las escaleras o sin que nos duelan las articulaciones por el sobrepeso, por no hablar de lo bien que nos sentará la ropa. O imaginar la enorme satisfacción de poner la última palabra en nuestra novela, de darla por concluida, de entregársela a un lector de confianza para recibir su opinión (y quizá sus elogios).

Esa técnica de visualización es útil y positiva, de verdad funciona. Pero el problema es que sabemos que esa satisfacción que nos proporcionará alcanzar la meta solo tendrá lugar más adelante. No será hoy cuando nos sintamos recompensados por nuestros esfuerzos, la recompensa queda aplazada.

Sin embargo, esto no sucede cuando te centras en el proceso, porque la recompensa tiene lugar en el mismo momento en que haces lo que tienes que hacer ese día (para alcanzar ese objetivo que todavía queda allá, en el futuro, algo distante).

Hoy puedes sentir la satisfacción de haber salido a correr y de haber hecho comidas donde primaban las verduras, las frutas y los alimentos saludables. Hoy puedes sentir la satisfacción de haberte sentado a escribir, concentrándote al cien por cien en la tarea, y haber culminado esa escena, ese diálogo, ese capítulo…

Cuando te enfocas en el proceso, obtienes una victoria cada vez que haces lo que tienes que hacer. Y eso es todos o casi todos los días. La satisfacción es inmediata y, diríamos, continua.

Así, en el trayecto desde donde estás ahora hasta donde quieres estar, acumulas una gran cantidad de pequeñas victorias. Y cada pequeña victoria cuenta como un éxito que te hará sentir bien contigo mismo, creando una sensación de logro, dándote confianza para seguir adelante y mostrándote el progreso que estás logrando.

2. Centrarse en el proceso crea círculos virtuosos

Esas pequeñas victorias cotidianas de las que acabamos de hablar, que te hacen sentirte bien contigo mismo, que de tan confianza y sensación de logro y progreso sirven además para alimentar círculos virtuosos.

Seguro que sabes lo que es un círculo vicioso, esas situaciones repetitivas y acumulativas que no conducen a un buen efecto. Por ejemplo, desayunar un donut y, ya que has empezado mal el día, comer una hamburguesa y, total ya, cenar una pizza. O no escribir durante dos o tres días, pensar que así la semana es ya insalvable y decidir que ya la semana próxima lo harás bien y escribirás a diario.

Es fácil caer en esas espirales y siempre tienen algo que ver en que no alcancemos nuestros objetivos. De hecho, saber que no hemos hecho lo que debíamos (o que hemos hecho lo que no debíamos) genera sentimientos de tristeza, estrés, frustración… Nos hace sentir mal.

Pero del mismo modo que hay círculos viciosos, hay círculos virtuosos. Cuando la sensación de estar haciéndolo bien, de estar haciendo lo que debemos, nos impulsa a no flaquear, a seguir adelante, a hacerlo bien un día más.

Por eso centrarse en el proceso, donde cada día es una pequeña victoria, genera esos círculos virtuosos.

Se ha demostrado que los sentimientos de felicidad, logro, orgullo, progreso y optimismo mejoran drásticamente nuestro desempeño. Progresar en metas significativas crea sentimientos de bienestar, aumenta el optimismo y crea una motivación increíble para seguir adelante. En su libro La felicidad como ventaja, el investigador Shawn Achor explica que nuestros cerebros están programados para rendir al máximo, no cuando son negativos o incluso neutrales, sino cuando son positivos. Cuando estamos felices, cuando nuestra mentalidad y estado de ánimo son positivos, somos más inteligentes, estamos más motivados y, por lo tanto, somos más exitosos: alcanzamos nuestras metas.

3. Centrarse en el proceso te impulsa a hacer lo que debes hacer

Si alguna vez has tenido un carrocho seguramente sabrás que establecer un sistema de recompensas es muy útil a la hora de educarlo. El perro hace lo correcto y recibe su premio. Premiar no es más que conseguir relacionar un estímulo positivo con una acción determinada. Y no solo funciona con cachorros, también lo hace con seres humanos.

Como ya hemos visto, esas pequeñas victorias diarias que conquistamos cuando nos centramos más en el proceso que en el resultado generan en nosotros sensaciones positivas: de logro, de satisfacción, de progreso, de orgullo… Y esas sensaciones son nuestro premio.

Como tendemos a buscar la gratificación, el premio, nos aplicaremos en hacer lo que la produce.

Cada vez que te enfocas en el proceso, te sientes bien contigo mismo: estás progresando, sientes una sensación de logro, tal vez incluso estés un poco orgulloso de ti mismo. Estos buenos sentimientos actúan como recompensa, lo que refuerza tu comportamiento: siempre querrás repetir la acción que te ha hecho sentir bien. Así que saldrás a correr un día más, encadenarás una tras otra tus sesiones de escritura. Y al hacerlo, no solo estarás obteniendo tu recompensa, también estarás avanzando hacia la consecución de tu objetivo.

Te sentirás bien cada día por lo que has hecho y, al final, cruzarás triunfante la línea de llegada. ¿No es maravilloso?

4. Centrarse en el proceso te permite concentrarte en lo que puedes controlar

Fingir que en el mundo no hay imprevistos, imponderables e incluso mala suerte no es inteligente. Epícteto decía «La felicidad y la libertad comienzan con una comprensión clara de un principio: algunas cosas están bajo nuestro control y otras no».

Si te paras a pensarlo, te darás cuenta de que con frecuencia el resultado no está bajo nuestro control, pero el proceso sí suele estarlo.

No puedes saber con exactitud cuándo acabarás de escribir tu novela, no tienes control sobre ese punto. Pero sí puedes escribir todos los días una o dos horas, esa parte sí está bajo tu control.

No tienes control sobre cómo los lectores recibirán tu novela una vez la finalices (un miedo que a veces paraliza a algunos autores), pero sí puedes aplicarte en hacer tu trabajo lo mejor posible: pensar bien la obra, cuidar cada frase y cada palabra para escribir un texto hermoso, hacer una revisión concienzuda…

Lo bueno es que, si te centras en el proceso, si pones en juego cuanto eres cada día, es casi seguro que alcanzarás tu objetivo. Paradójicamente, la mejor manera de lograr un determinado resultado es olvidarse por completo de él y concentrarse por completo en el proceso.

5. Centrarse en el proceso hace que las cosas sean fáciles, simples y accionables

Centrarse en el resultado puede ser abrumador, lo que puede conducir a la inacción, a quedarse estancado o, directamente, a no comenzar. Escribir una novela les parece un reto inasumible a muchas personas: hay que realizar un gran esfuerzo durante un periodo de tiempo prolongado.

Pero centrarse en el proceso lo simplifica todo. Podemos dividir un gran objetivo en pasos manejables y simplemente enfocarnos, uno por uno, en dar esos pasos.

No pienses en los meses que tendrás que emplear para escribir tu novela, piensa en lo que vas a escribir hoy. Céntrate tan solo en tu sesión de trabajo de hoy.

John Steinbeck lo expresó así:

Cuando me enfrento a la desolada imposibilidad de escribir quinientas páginas, me invade una enfermiza sensación de fracaso y sé que nunca podré hacerlo. Entonces, poco a poco, escribo una página y después otra. El trabajo del día es todo lo que me permito contemplar.

En resumen

Ahora ya lo sabes: toda meta alcanzada es el resultado lógico de un proceso.

Cuando te centras en el proceso, tienes garantizada toda una serie de victorias cotidianas, lo que redundará en un sentimiento asiduo de progreso, optimismo, confianza y motivación. Y ese sentimiento te conducirá a desear hacer cada día lo que debes hacer. Es decir, estarás andando el camino hacia tus objetivos mientras disfrutas del trayecto.

¿Eres de los que se obsesionan con el objetivo?, ¿te ha conducido ello alguna vez a angustiarte e incluso a dar la batalla por perdida antes de pelearla? ¿Qué te parece la idea de centrarte en el proceso, de enfocarte cada día en hacer ese poco necesario? Hay tertulia en los comentarios.

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