El llano en llamas, un cuento de Juan Rulfo (1918-1986)

Recomendado

El llano en llamas, un cuento de Juan Rulfo

Juan Rulfo es una rareza dentro del mundo editorial. Fue un reputadísimo autor, uno de los más importantes del siglo XX, pese a que solo publicó dos libros de corta extensión: Pedro Páramo (novela) y El llano en llamas (relatos). Podría decir que pocos escritores han conseguido tanto con tan poco (entiéndase que me refiero a la extensión).

El llano en llamas fue publicado por primera vez en la revista América, en 1950, y tres años después en formato libro por el Fondo de Cultura Económica (Ciudad de México). La antología original estaba compuesta por quince narraciones, algunas de las cuales ya hemos leído en Narrativa Breve, como LA CUESTA DE LAS COMADRES, MACARIO o ¡DILES QUE NO ME MATEN!, a las que se sumarían otras dos a partir de 1971: EL DÍA DEL DERRUMBE y LA HERENCIA DE MATILDE ARCÁNGEL.

Hoy publicamos precisamente el cuento que da título al libro: EL LLANO EN LLAMAS. Con este cuento, inscrito dentro del realismo mágico (que tuvo otros ilustres promotores como Gabriel García Márquez o Carlos Fuentes), Rulfo nos introduce en una historia ambientada tras la Revolución, cuando el país comenzaba a industrializarse, lo cual se tradujo en el desplazamiento de numerosos campesinos a las urbes en busca de trabajo. Es un cuento en cierta manera desolador, que transmite la desesperanza de tantos mexicanos de la época, que llegaron a pasar hambre. Rulfo utiliza un lenguaje popular, casi mimético, el mismo que usaban los campesinos mexicanos de entonces.

EL LLANO EN LLAMAS, el libro en general y el cuento en particular, no puede faltar en la biblioteca personal de ningún buen lector.

EL LLANO EN LLAMAS, un cuento de Juan Rulfo

Ya mataron a la perra,

pero quedan los perritos…

(Corrido popular)

Los fantasmas de la noche

Reproducido de Narrativa Breve (Editado por Francisco Rodriguez Criado)

Los fantasmas de la noche

Hay dos tipos de narradores: los que se afanan en explicarnos las entretelas de este mundo mediante una historia, y los que se limitan –que no es poco– a explicarse a sí mismos. Los primeros deben ser profusos y ofrecer numerosos elementos: personajes, descripciones geográficas y físicas, una trama, una acción, un andamiaje narrativo, tal vez un mensaje y, por supuesto, un final… Los otros autores, sin embargo, no necesitan una gran puesta en escena, pues no se trata tanto de novelar sino de hacer espeleología de uno mismo. Y eso es lo que hace Juan Manuel Hernández en Cuando la noche te alcanza (Tolstoievski, 2017).

 

Mitos y leyendas de México

La Carreta de la Muerte

A los diez años la madre de maría la envió a vivir con su tía, una mujer muy enferma e incapacitada que tenía un hijo de mala entraña, y vivía en el pueblo de La Noria, Guanajuato. María se fue a la casa de su tía muy contenta por poder ayudarla, pues su hijo no lo hacía para nada. La enferma mujer era dueña de un terreno muy grande que el mal hijo estaba ansioso por heredar. La llegada de su prima no le gustó para nada y empezó a hacerla la vida pesada.

 Una cierta noche, el hijo llegó borracho a la casa y arremetió contra su madre y su prima. La madre lo corrió y le dijo que no se apareciera hasta que se le hubiese bajado la borrachera. El hijo se alejó diciéndole a su progenitora que ojalá se muriera pronto. Al otro día, cuando María fue por las tortillas, escuchó que todo el pueblo se había dado cuenta del escándalo y que había escuchada a la Carreta de la Muerte. La pequeña no entendió a que se referían las personas con esos de la Carreta de la Muerte. Cuando llegó a la casa de su tía le preguntó. Al escucharla, la mujer se santiguó y le contestó que cuando pasaba la famosa carreta por el pueblo era porque alguien seguro iba a morir. María se asustó mucho, pues pensó que la que podría morir sería su enferma tía. Por la tarde regresó el hijo muy enojado y reclamándole a su madre el haberlo corrido para después haberlo ido a buscar gritándole por los montes y las calles del pueblo. La tía negó que lo hubiese ido a buscar. El joven, indignado, abandonó la casa y no regresó a dormir.

Al otro día, María fue por las tortillas y oyó que las personas comentaban que la Carreta de la Muerte se había dirigido a la cabaña del huerto de la casa de su tía, Cuando regresó, estaba muy preocupada, pues suponía que la muerte se acercaba cada vez más a la casa de su tía. Entonces pensó que debía comunicarle el hecho a su primo, pues se estaba quedando en la cabaña del huerto, y si llegaba a ver la Carreta de la Muerte, ésta se lo llevaría, pues nadie podía verla sin morir. Cuando llegó con su primo y le comunicó su temor, éste la corrió de mala manera. Por la noche, el muchacho fue a la casa de su madre, y tomando del pelo a María le prohibió que lo siguiera molestando con sus cuentos tontos. La tía trató de defender a su sobrina, pero no pudo y cayó al suelo. El mal hijo salió huyendo creyéndola muerta y no volvió por varios días.

Una tarde volvió reclamándole a su madre que no lo anduviese buscando, cosa que la mujer no había hecho. Le pidió a su hijo que cuando estuviera en la cabaña del huerto no le abriese la puerta a nadie. Pero esa noche los perros empezaron a aullar en el huerto y el muchacho, furioso, salió a asustarlos y a amenazarlos. Como no vio a nadie, volvió a entrar en la casa. Un fuerte aire soplaba. Todo el pueblo escuchó el escándalo que provocó un fortísimo grito que provenía de la cabaña. La tía le pidió a María que fuera a buscar a los vecinos para ver qué sucedía. Cuando llegaron a la cabaña se encontraron en la puerta al joven con el cuello partido y con una mueca de terror absoluto. La tía y la sobrina comprendieron que la Carreta de la Muerte lo había matado.

Desde entonces, cada vez que una persona va a morir se escuchan los ruidos de las ruedas de la carreta, las patas de los caballos al pegar en las piedras del suelo… y los terribles aullidos del mal hijo que deseaba la muerte de su madre para heredar sus tierras.

Sonia Iglesias y Cabrera

Leyendas de México

El Espejo de los Dioses

Cuenta la leyenda que a la llegada de los españoles a Michoacán,
después de la caída de Tenochtitlan, un español se enamoró de Eréndira,
la hermosa hija de Tangaxoan, rey de los purépechas; la raptó y la
escondió en un precioso valle rodeado de montañas.
La princesa, sentada sobre una roca, lloró tanto que sus lágrimas
formaron un gran lago, y luego, desesperada por escapar, se arrojó al
mismo, en donde se convirtió en sirena. Desde entonces, por su gran
belleza, al lago se le llamó Zirahuén, que en purépecha significa “espejo
de los dioses”.
Dicen que la sirena aún vaga por esas aguas y que en las primeras horas
de la madrugada surge del fondo para encantar a los hombres y
ahogarlos.
Fin