El Mediterráneo: entre la tragedia y el placer

El Mediterráneo: entre la tragedia y el placer

Una cosa es saber que el Mediterráneo es un concepto geográfico y cultural y una extensión del Océano Atlántico. Otra, muy distinta, es pensar en que este mar, único por su forma y escenario de tantas cosas, que van desde la mitología hasta lo económico y lo geopolítico, continúe siendo hoy objeto de sueños y de realidades trágicas que parecen arrancadas de un maremágnum dramático y de sueños a la vez.

Mitos, sueños, dramas y realidades geopolíticas se conjugan al unísono en este mar como un llamado etéreo y subliminal o, tal vez, como una sentencia trágica que golpea el pensamiento de quienes se encuentran en el centro de este conjunto. ¿Quién no ha soñado viajar en un crucero lujoso recorriendo las aguas milenarias de un mar que, en su momento, transformaron el mundo? O, ¿quién por el contrario, no se ha sentido conmovido por el drama de miles y miles de inmigrantes que buscan en el lado occidental algún sosiego a su desperrada situación? Para cualquier persona, dadas las circunstancias conocidas que a diario se viven, no resulta difícil imaginarse los escenarios contradictorios de esta realidad.

El Mediterráneo, no es sólo el segundo mar interior más grande del mundo, después del Caribe, sino que es único por su configuración geográfica que acoge cuatro grandes penínsulas: Ibérica, Itálica, Balcánica, en Europa y la de Anatolia en Asia, y, a su vez, acoge otros mares interiores, tales como: el Baleárico, Tirreno, Adriático, Jónico, Egeo, y Negro. De este modo, el Mediterráneo comunica el Atlántico con Asia, a través del mar Negro y el Mar Rojo, a través del Canal de Suez. Europa, Asia y norte de África, unidos a través de un mar legendario y excepcional.
Alberga múltiples islas y archipiélagos, algunos mayores, como los de gran tamaño: Baleares, Córcega, Cerdeña, Sicilia, Creta y Chipre hasta menores: Alborán, Chafarinas, Columbretes, Elba, Malta, Pantellería, Dalmacia, Jónicas, Itaca, Cícladas, Lesbos, Rodas, Dodecanesco, Cada una de ellas con sus propias historias y leyendas. El Mediterráneo y su cuenca es la región del olivo y de los cereales y fue el escenario de los primeros descubrimientos geográficos, simultáneos al origen de la navegación marítima.

El Mediterráneo también es historia, una historia que articula al antiguo Egipto, Israel y Fenicia y a Grecia y Roma, civilizaciones éstas que llegaron a convertir al Mediterráneo en el Mare Nostrum. La irrupción del Islam significó, en cierto modo, la ruptura de la unidad, pero, lo admirable de esta irrupción, fue que la actividad del intercambio comercial se mantuvo viva y dinámica entre las diferentes ciudades,

Ya en la edad media, los matemáticos árabes lograron aportar la verdadera magnitud del Mediterráneo (2.5 millones de kilómetros cuadrados) y en épocas posteriores la extensión de la civilización occidental hacia América y a todo el mundo con la Revolución Industrial y el colonialismo, dieron como resultado el cambio de eje de ésta del Mediterráneo al Atlántico, más evidente y visible a partir de la crisis del Siglo XVII.

La obra de Fernand Braudel (Fr.1902-1985) representó un avance significativo en el conocimiento del Mediterráneo al explicar diferentes hechos políticos, culturales y económicos de la Europa del Siglo XVI y caracterizó las sociedades mediterráneas en una perspectiva global formada a lo largo de los siglos con aspectos sociales que se extendieron a muchas generaciones y les definieron características específicas. Braudel designó el Mediterráneo como una llanura líquida y la comparó con el desierto del Sahara, al que caracterizó como un entorno vivo.

Miles y miles de años de geografía, de historia y de cultura, llevan a uno a pensar si, realmente, unos cuantos días de placentero crucero, como los que suelen realizarse a diario, alcanzan para asimilar todo lo que encierra este legendario y único mar que un día vio navegar sobre sus aguas la expedición que daría como resultado el descubrimiento de América, hecho éste que dio lugar, paradójicamente, a la pérdida o desplazamiento de su importancia hacia otro lugar del Atlántico.

Mientras se asimila esto, invito a pensar en los miles y miles de personas, provenientes de diferentes lugares del norte de África, especialmente de Irak y Siria, que se han atrevido a cruzarlo en las condiciones más inseguras para buscar un mundo mejor, al otro lado, en Europa. Muchos de estos inmigrantes, por las condiciones del viaje, han encontrado en este mar su tumba y quienes han logrado alcanzar la otra orilla, en países tales como España, Italia, Alemania y Grecia, han visto también pisoteada su dignidad por la intolerancia de algunos que dan muestra de desconocer lo que este mar significó y aportó para el auge y el poderío del que gozaría Europa en épocas pasadas -y aún hoy- cuando la luz, las matemáticas y los dioses aún no había llegado a Occidente y las fuentes de las riquezas, del conocimiento y de la cultura se encontraban allende al Mediterráneo: en Oriente.

Por lo pronto, mientras la leyenda y la tragedia, al lado del placer y el drama, se juntan en una extraña simbiosis en las aguas de este maravilloso mar, el descanso placentero y de ensoñación de miles y miles de turistas de la Europa nórdica y de muchos otros lugares del mundo, en sus acogedoras y cálidas playas, continua avivando la economía de los paises mediterráneos, de espaldas a una realidad que debería sacudir la sensibilidad de una dirigencia política, económica y religiosa que presume de democrática y de respetar los derechos humanos. .

Reglas básicas para comentar un libro sin tener que comprarlo ni leerlo

Reglas básicas para comentar un libro sin tener que comprarlo ni leerlo

El poder de la lectura es indiscutible: acerca, aleja, afianza, agobia, alegra, brinda, beneficia, blinda, capacita, debela, depura, desasosiega, distrae y dignifica. También emociona, ennoblece, enseña, educa, edifica, fabula, favorece, forja, facilita, habilita. Gracias a ella, husmeamos, dejamos de ser huraños, superamos la hosquedad; sabemos que inspira, instruye, nos hace joviales, es motivo de júbilo, en fin, contribuye a elevar todos los sentimientos afectos a la naturaleza humana.

Exceptuando el sentimiento amoroso o una buena comida, nada supera una lectura. Lo sabemos: La lectura agudiza el pensamiento y abre ventanas a la imaginación, brinda beneficios a la creatividad …, cierra todos los caminos que conducen al ocio, difunde y depura el buen lenguaje, entretiene, y educa a la vez, estimula la percepción y la capacidad de concentración, facilita la comunicación y es garantía de una mejor expresión y de un ameno entendimiento entre las personas y, como si fuera poco, legitima y libera y retarda los achaques propios de la vejez.
Sobre los benéficos resultados del hábito de la lectura se cuentan muchísimas historias. Yo cito apenas las siguientes: se afirma, por ejemplo, que quienes tienen el hábito de lectura, gozan de una mejor vida sexual y se ha llegado hasta afirmar que fue un anciano, buen lector y erotómano, quien escribió el Kamasutra. De otra persona, en la antigüedad, se sabe que a base de leer y releer manuscritos se volvió sabio y llegó a gobernar a su país con tan buen tino que hoy todavía se le recuerda.

De algunas personas se dice que, la sola lectura del libro Cómo hacerse millonario en cuatro años sin tener que trabajar, les abrió el camino a muchos para, efectivamente, convertirse en millonarios en ese tiempo, y lo asombros es que lo lograron antes de los treinta años de edad. Para estos casos, basta con que su padre o un tío tenga un equipo de futbol, una notaría, o un partido político (preferiblemente del centro) o que su padre o su tío haya sido presidente de algo, no importa que lo haya sido de un país. Se recordará que a muchos otros, la lectura de un único libro durante su vida, de manera profunda y permanente, les ha servido para enriquecer su vida espiritual, para estar en contacto con el más allá o incluso, con el más acá, para haber gozado de una vida sexual plena y estimulante hasta bien entrado los años.

Se afirma, sin que exista constatación alguna, que también la lectura ha causado serios perjuicios o desviaciones en algunos casos. Sin embargo, esto es inexacto, pues se ha llegado a comprobar que los casos adversos que se han citado como consecuencia de la lectura, se han debido más a la falta de comprensión. Quiere decir esto, que la adversidad presentada, se ha debido más a una severa ineptitud comprensiva que a la lectura propiamente realizada. Este es el caso de quienes han leído, sin comprender, por ejemplo, El diccionario del diablo, de Ambrose Bierce, cuya comprensión desviada del libro, ha conducido a muchos malestares psicológicos. Esta afirmación es válida también para quienes con un notorio déficit de capacidad comprensiva se han atrevido a las lecturas de El libro de Thot, El libro de Dzyan, El manuscrito de Voynich, y otros más.

Como vemos, pues, anotar palabras en favor de la lectura y de los beneficios que brinda, resultaría innecesario. Sin embargo, en ocasiones y dada la dificultad que se presenta de poder acceder a un libro, por circunstancias que no vienen al caso citar, recomiendo la lectura y puesta en práctica de las siguientes reglas básicas que le instruirán sobre la manera de comentar un libro sin tener que comprarlo ni mucho menos leerlo. No obstante. Previo al conocimiento de estas reglas básicas, le recomiendo dar algunos pasos previos que, sin duda. le ayudarán a obtener un mejor resultado.

Antes que nada, resulta favorable al propósito deseado, que usted dé a conocer el o los lugares en los que le gusta leer. No es necesario que esto sea así. Puede decir que le agrada leer acostado, en la comodidad de un sillón o de una poltrona, en un bus, en el tren, en el avión, en Transmilenio, en un taxi, recostado en la pared esperando a alguien o en el baño, sentado cómodamente en el bacín. Diga que con alguna frecuencia lee a la sombra, debajo de un árbol, en un motel, en la playa, en la cocina, mientras hace el café, en la terraza atisbando ventanas abiertas, en el sótano, en la cafetería, en la sala de espera del consultorio médico, en la funeraria, acompañando al familiar o al amigo que partió, incluso haciendo el amor con su esposa o su amante secreta. No desperdicie la ocasión ni se avergüence de decir que leyó tal o cual libro estando preso, escuchando un discurso presidencial, un noticiero, una retahíla de un político que padece del delirio de persecución o viendo un partido de futbol. Recuerde, no importa que esto sea falso, lo importante es que usted impacte.

De igual manera, comente (es de muy buen recibo entre el círculo de amigos), que usted tiene su estilo particular de señalar las palabras o textos que le resultan importantes o que vale la pena recordar. Diga, por ejemplo, que utiliza un lápiz, un resaltador, un gancho, un señalador, un clip, un palillo o una servilleta; jamás diga que le gusta doblar la página en cuestión, es de muy mal recibo entre los lectores auténticos. Así mismo, siempre que se le facilite, hable de autores y de sus vidas. Esto último se le facilitará si lee con alguna frecuencia Publímetro o ADN que en ocasiones destacan autores famosos o, si se acerca, aunque sea una única vez, a una feria de libros de las que con frecuencia realizan en los parques o en los andenes los vendedores de libros. Ellos, los vendedores callejeros de libros, realmente, si saben de autores y de libros. Nunca se apoye en los noticieros de radio o televisivos, ellos jamás hablan de libros o de autores, a menos que sean los propios presentadores los que lo hayan escrito.

De modo, pues, que seguidas al pie de la letra estas recomendaciones previas, no hay razón alguna para desconfiar de los benéficos resultados que logrará al poner en práctica estas reglas conducentes a comentar un libro sin tener que comprarlo ni leerlo. Se conoce, con sobrada amplitud, y desde que el libro es libro, que hay solo un problema para leerlo, en realidad son dos: el precio y la falta de tiempo. Como es ampliamente conocido, un libro no está al alcance de todos los bolsillos y, para otros, aun estándolo, no disponen del tiempo necesario para dedicarse de lleno a esta actividad.

Hay quienes señalan que, aparte de estos dos impedimentos, existen otros más y citan a renglón seguido la prepotencia o la arrogancia de creer que, con lo que la naturaleza los dotó, es suficiente, que es lo máximo; las ínfulas que suelen darse algunas personas al presumir de saberlo todo y, finalmente, señalamos la filoegomanía, o sea la manía de creer más en el yo que en los demás o sea el super yo, el super-super a quien nadie supera. Estos tres impedimentos, sin embargo, pertenecen a otros campos de estudio y escapan a los propósitos de estas reglas.
Por escapar a la naturaleza y los límites de este texto y dada la dificultad para encarar o superar estos tres últimos impedimentos, las siguientes reglas o recomendaciones -seguidas al pie de la letra – contribuyen a superar las dos primeras falencias, es decir, la del costo y la del tiempo, y brindan, además, un estado de seguridad y confianza en quienes las practican con cierta regularidad.

Cientos de observaciones, bajo las más estrictas reglas de confiabilidad, garantizan el éxito de las mismas y, aunque puede darse situación en las que en algunos casos se fracase o no funciones por completo, esto podría achacarse más al incumplimiento de algunos pasos o a la falta de confianza en sí mismo, que a la falta de efectividad de estas reglas. Estas son:

Regla 1. Vístase con aire de intelectual y diríjase a una librería importante. Con paso seguro, acérquese a la vitrina de la librería. Si se le facilita y tiene el tiempo suficiente, visite varias librerías antes de entrar definitivamente a una de ellas y poder cerciorarse bien del último libro del autor de moda. Esto, en caso de no haber leído Publímetro o ADN o no ha escuchado noticieros.
Regla 2. Párese recto frente a la vitrina de la librería escogida con aire de buen lector (Hay quienes recomiendan llevarse la mano al mentón) y fije la vista en el libro que ha seleccionado. Pregunte a otro u otros observadores, si los hay, sobre el libro o el autor. Asegúrese bien, no se avergüence, ellos andan en lo mismo.
Regla 3. Grábese el nombre del libro y del autor escogido.
Nota: Se recomienda observar con mucho interés el libro en la vitrina de la librería.
Regla 4. Permanezca varios minutos con la atención puesta en el libro. Adopte un porte de persona lectora y conocedora de libros. Dese aires, no se amilane. Haga cualquier tipo de gesto para atraer la atención del librero y asegúrese de que éste lo vea y se dé cuenta del interés que usted tiene por ese libro.
Regla 5. Cumplida la regla 4, entre con paso firme a la librería y pregunte por el libro. Se lo traerán de inmediato ya que el librero sabe que usted vio el libro y ya lo ha visto a usted desde el interior, a través del vidrio de la vitrina. He ahí la importancia de seguir la Regla 4.
Regla 6. Pregúntele al librero por el libro. Ellos saben algo de libros y le podrán decir cuándo llegó, sobre el autor, de la editorial y del precio. Esto es muy importante, pero trate de sacarle un poco más. Le hablará entonces del libro y del porqué de la importancia de la cual goza en este momento. Repita esta acción en otra u otras librerías.
Regla 7. Seguida la regla 6, cerciórese de tener algo de dinero en el bolsillo. Diríjase, con rapidez, a un café-internet, acomódese frente al computador, métase a google, escriba el nombre del libro o del autor. Si la red está funcionando y el computador está en buen estado, de inmediato sale la página en la que figura el autor o el libro. Hay tiendas en la web que le permiten leer hasta diez páginas. Cliquee la sección de comentarios, los hay de todo tipo. Algunos son muy buenos y están muy bien elaborados por personas que ya han leído completamente el libro. Seleccione uno de ellos y apropiase de él. Imprima el comentario.
Regla 8. Si ha seguido al pie de la letra las Reglas 2 y 7, no olvide pagar por los minutos de uso de la internet.
Nota: Por ningún motivo, trate de salir del café-internet sin pagar.
Regla 9. Diríjase a la tertulia a la que regularmente asiste y en el momento oportuno trate de enfocar la atención de los asistentes hacia este autor, luego hacia el libro del que ya sabe algo y repita lo que los libreros le han dicho. Luego, exponga -nunca de primero- el comentario del que se apropió en la red.
Regla 10. Si alguno de los asistentes ya leyó el libro y quiere analizar y discutir a fondo el tema o el contenido total del libro, opóngase o evite, con todo tipo de argumentos, que esto suceda. Diga, por ejemplo, que el autor es muy importante y que merece más espacio o que ya no hay tiempo para eso.
Nota: Es importante que usted mire el reloj antes de iniciar la discusión sobre el libro, no vaya a ser que aprueben la propuesta de analizar todo el contenido y usted va quedar muy mal parado.
Nota aclaratoria: La experiencia conseguida durante muchos años de práctica constante y continua, y, aún más, desde cuando funciona la internet, me ha demostrado, sin temor a equivocarme, que estas reglas, resaltadas en una antigua enciclopedia del saber humano, son infalibles, jamás fallan y ofrecen una agradable sensación de seguridad al demostrar a los demás, sobre todo, si se es docente, timador, expositor o político, el alto grado de conocimiento y de lo actualizado que está en cualquier materia. Le aconsejo, sin embargo, que no se confíe mucho de usted mismo, deje a un lado su filoegomanía y, sobre todo, no se exponga mucho o se dé demasiadas ínfulas frente a personas desconocidas, porte desgarbado, con aire despreocupado y con descuidada vestimenta y desarreglo personal. Desconfíe de ellos y aléjese de inmediato, por lo general, son sabios.

Libro La danza de la lechuza. Doce cuentos y una fábula

Portada libroEstos cuentos fueron escritos a lo largo del año 2015. Están inmersos en lo ficcional. Son cuentos dispersos en el tiempo y en la temática, aunque los personajes y los escenarios también lo están. Algunos relatos buscan dar cuenta del estado anímico y de los presagios que en ocasiones acosan a los seres; otros, tratan sobre la indiferencia social y de lo fatal que resulta olvidar la historia. También se encuentran aquellos en los se plantean situaciones o momentos tomados de la intensidad de lo real, de ayer o de hoy. Es evidente en casi todos, la influencia de la cuestión medioambiental y del intenso verano padecido en algún momento. Éste es la razón del aroma desprendido de la lucha por la supervivencia que se nota en algunos de ellos. El desastre ambiental en muchas regiones ha sido causa de ciertas vivencias y situaciones que originaron la idea de algunos textos, elaborados, en cierta forma, como un homenaje a la vida, pero nada tiene que ver lo uno con lo otro.

Con algunas breves correcciones, se reproducen dos cuentos del libro, Knouwe y otros cuentos del mismo autor. Son ellos: La papelera e Indecisión. Además, y, con el ánimo de brindar al lector un espacio para el descanso, entre un relato y otro, se han insertado algunas reflexiones y pensamientos. Con seguridad, ambos cumplirán su cometido.

En todos los relatos prevalece la idea de la vida, aunque también resaltan ciertos elementos extraídos de la naturaleza, del tiempo y del drama de todo ser viviente. El interés fue construir con ellos lo que la imaginación y los sueños permitirían. De ahí la presencia de varios personajes representados por animales: el perro, el tigre, la serpiente, el cocodrilo, la lechuza y la hormiga.

La literatura es refugio y entretención pero, como todo lo sabemos, es también un camino para conocer a los pueblos, sus ambiciones, conflictos y amenazas.

Finalmente, se aspira a que este libro contribuya al bienestar de las futuras generaciones, ya que, con toda la imaginería ficcional que pueda contener, coloca ciertos temas o situaciones, como el del clima, la indiferencia social o el del olvido de la historia, por citar solo estos, en cierta perspectiva que buscan avivar una actitud mucho más responsable y consecuente con el medio ambiente. Con todo, el trabajo es una muestra cierta de que ni el calor del verano, la amenaza ambiental o el frío del invierno pueden apagar los sueños o la ficción recreativa que se imprimió en cada uno den los relatos.

Adquiérelo en su versión  física por $25.000.00 más costo de envió fijo a nivel nacional (Colombia) de $7.000.00

Brevísima cronografía actualizada para no cronologistas

Primera entrega

Brevísima cronografía actualizada para no cronologistas

  1. Generalidades

Tiempo

Concepto complejo asociado al espacio, difícil de entender y de calcular. Para una sencilla y rápida comprensión es el mismo tic-tac de los segundos que  repiquetean estrepitosamente en tu cerebro cuando tienes insomnio o te retrasas para llegar al sitio de trabajo. Por razones inexplicables, es inaudible para muchos funcionarios del Estado.

Tiempo absoluto

Como se conoce, la teoría de la relatividad que se representa por la ecuación  E=mc 2. acabó con el tiempo absoluto. Desde entonces no se sabe nada de él, ni se sabrá jamás.

Nota aclaratoria: E=mc 2.    Esta ecuación formulada por  Einstein significa: E  es la energía, m, la masa y c, la velocidad de la luz, y expresa la ley que ningún objeto puede viajar a una velocidad mayor que la de la luz. Se aparta de lejos de la interpretación de algunos politólogos, que sostienen que  E es elecciones; m, money, equivalente a la  masa monetaria que se  mueve en una fracción de tiempo electoral, y c, compra (de votos) realizada por cualquier persona en ese tiempo electoral.

Tiempo electoral

Es todo el tiempo empleado por los políticos y sus corifeos en promulgar el pensamiento acerca de la existencia de un “enemigo” y de cómo combatirlo y, así, desvalijar al Estado para beneficio propio y el de sus hijos. Es igual a la sumatoria de las expectativas de vida del político, de su mujer y la de sus hijos y nietos.  .

Inicio de los tiempos

Es el mismo “big bang”. Señala Stephan Hawking que se inicia cuando la nada era nada y se volvió algo; algo parecido a “Time is Gold”, sin ser lo mismo. Demasiado sencillo para buscarle más explicaciones.

Final de los tiempos

Es lo contrario al big bang o sea el big crunch, Será cuando ese algo del que habla Stephan Hawking  o eso del “Time is Gold” se vuelva nada. No se han encontrado más aclaraciones sobre esto. Hay, sin embargo, una explicación reciente surgida de las entrañas del Centro Democrático en Colombia que señala que el final de los tiempos o sea el “big crunch”, es la hecatombe o la gran catástrofe que se avecinará una vez se firmen los acuerdos de paz en La Habana o cuando sus ideas sean reemplazadas por otras. Los testigos de Jehová creen que ya estamos en el final de los tiempos.

Tiempo real

Medición exacta del tiempo. Expresión usada también por algunos congresistas y altos funcionarios del Estado para calcular el tiempo exacto que les falta para pensionarse, que generalmente es igual a un poco menos de la mitad con el que la generalidad de los trabajadores logran pensionarse y que, según cálculos adelantados, este último está unos años más allá de la esperanza de vida de un congesista.

El último sol. Cuento

Cuento

El último sol

Leonardo Gutiérrez Berdejo

Con un poco más de sesenta años vividos y con una delirante obsesión por el tiempo que lo ha acompañado toda su vida, llegar hasta El Parque, a un poco menos de medio kilómetro desde donde está, es una actividad difícil para él. Con agobiante frecuencia se ve sacudido, en cualquier lugar y cuando menos lo espera, por el pánico que le causa la continua desconfiguración y la reconfiguración del espacio que le rodea. Los últimos años los ha pasado inmerso en un estado de ataxia sin control, dando bandazos de un lugar a otro, zarandeando de norte a sur, de arriba abajo, de aquí para allá, y, como si fuera poco, lanzado como una leve brizna a un insondable abismo que no parece tener fin. Es en ese preciso momento en el que la visión se le nubla, las fuerzas lo abandonan y la voluntad se le quiebra por completo para dar paso a un eterno y despiadado caer en un vacío en el que la nada lo es todo. Es sábado por la tarde y decide hacer el recorrido como ya lo ha hecho muchas veces: contando sus pasos lerdos. Desde hace algún tiempo no hace este ejercicio. La distancia es corta y el deseo de dejarse envolver por el sol del atardecer de la ciudad, como su angustia, es grande. Toma la calle que cree que mejor lo lleva al centro de la ciudad para luego doblar hacia la izquierda y dirigirse en línea recta hasta El Parque, su destino final. Ha visitado este lugar desde niño sólo para ver el atardecer. Es de las pocas cosas en la que ha sido constante. La calle que toma no es la más importante pero es la más larga, la atraviesa de lado a lado, y en la parte central se atiborra de gente hasta el punto de que se convierte en la más concurrida. Está llena de almacenes de ropa, de cafeterías, de bancos y de restaurantes. Hace muchos años, en ella se frustró, según algunos, la esperanza de millones de personas y se allanó el camino a lo que fue la más cruenta persecución contra los opositores del régimen tripartito de conservadores, Iglesia y militares. Caminar por ese lugar los sábados en las horas de la tarde se dificulta mucho por la multitud que allí concurre.

Decide pasar al costado oriental en la idea de recibir con mayor fuerza los rayos del sol y queda absorto, pese a sus ya limitados sentidos, por la imagen corpuscular irisada que se forma por millones de haces luminosos emitidos con inimaginable velocidad que se desatan en diversas formas y figuras, y se reflejan en las paredes de las casas, en los umbrales de los edificios, en andenes, árboles y sobre el asfalto de las calles, en movimientos unas veces sofocantes y otras veces lujuriosos, que revolotean con el aire seco que inunda el ambiente.

Son las cinco de la tarde y la calle está como nunca, atestada de gentes; el gentío es mayor a esta hora y colma por completo el espacio. Los roces y los empujones entre las personas son frecuentes, al igual que el cruce de miradas perdidas de las que uno nunca sabe si son amistosas o no –difícil interpretarlo. Cada mirada se esconde, maliciosa o descaradamente, detrás de una máscara impenetrable creada con sorprendente habilidad por cada uno para esconder o poner a la vista los secretos más ocultos que lo agobian o que lo adornan, según el parecer de cada quien.

Aun en los momentos más reflexivos, casi nunca saca tiempo para preguntarse o responderse de dónde viene y para dónde va esa masa de seres que se mueve de un lado a otro, sin un propósito ni meta aparente. Pasa por el Museo de Historia Nacional y mira la hilera de carros, todos último modelo, parqueados al frente del viejo edificio que recoge la historia del país.

La historia del país, custodiada por las transnacionales de la industria automotriz, se le oye decir, y suelta una leve carcajada para sus adentros, pero continúa su camino y trata de evitar problemas con los guardaespaldas. Teme que le hayan oído. Son “perros de caza”. Olfatean todo. Están bien armados. Observan y anotan con religioso cuidado cada detalle de cada uno de los seres que por allí se mueven –piensa para sus adentros. Sospechan de todo y de todos. Nada escapa a sus figuradas creencias de las que siempre están bien acompañados. Vigilan, oyen e informan a los superiores todo lo que ven, olfatean u oyen, como buenos perros de caza que son. La ciudad está asediada por ellos, la masa está controlada. Desde ese nefasto día en que se eligió como presidente al “señor de todas las tierras”, cada individuo es una ficha debidamente organizada en un cedulario. La identificación contiene datos de importancia para asegurar obediencias. La fidelidad –así, a secas– es fundamental; no debe haber obstáculos. Por seguridad, los lobos siempre serán lobos. Los corderos tampoco dejarán de serlo. La ciudad y yo, la ciudad o yo.

Después de quince minutos, llega –¡vaya proeza!– a la parte de la ciudad que divide el sector norte del sur, y duda entre dirigirse hacia el oriente para bordear el cerro que la rodea o continuar sin desviarse con el plan original que se ha trazado para llegar a El Parque. El sol parece escabullirse entre los edificios, teje sombras y claros pero la tarde continúa con su brillante envoltura. Es débil pero ilumina aún; da la sensación de seguirles los pasos a los millones de haces luminosos. Busca un pensamiento, una idea mejor para mejor entretenerse cuando se ve sacudido con brutal fuerza. -¡Llegó! grita en su interior y se bambolea de un lado a otro como un maniquí de trapo cuya cabeza pende sólo de un hilo: está sin control; busca prenderse a algo para no caer, pero ese algo es esquivo o no existe. No puede sostenerse en pie.

Es inútil, está presente. Un nuevo rayo –y ya es el segundo– sacude sin piedad el interior de mi cabeza, se sofoca… se oprime, parece estallar, siento mi cuerpo tambalearse. Con la escasa picardía que me queda, rasgo con mis uñas un aviso pegado a un poste que se atraviesa a mi paso, simulo estar en un trance desesperado de angustia, dolor y rabia a la vez, y me aferro al frío metal como a un amigo. Recuerdo la última vez que la vi… y creo que fue un error dejar que se fuera… con la escasa fuerza que me queda creo que puedo agarrarme a ese poste. Será mi amigo. Estoy solo. Todo puede pasarme. Un sueño profundo se apodera de mí pero alcanzo a observar que la tarde es diáfana, alegre y juguetona. –¿Por qué también será triste?, me pregunto.

Con una bien elaborada hipocresía teatral, descubre detalles nuevos en la vieja calle por la que deambulan miles y miles de personas sin rumbo fijo, cavila un segundo con cierta altisonancia íntima acerca de que la gente no sabe caminar y mucho menos sabe observar.

Mi arrogancia… me da risa, de la que presumía cuando apenas tenía quince años, se ahoga en el vacío y sucumbe con movimientos torpes de maniquí de trapo; todos pasan por encima de todo sin importarles nada. ¿Quién, acaso, se ha detenido a mirar los millones de diminutos rayos de sol formado por millones de corpúsculos que se cuelan por entre las gentes, los callejones y las horribles casas? Forman figuras curiosas y extrañas, como nadie nunca las ha hecho. Son libres de andar y de colarse, pero no dejan de ser anómicos. Yo no lo soy. ¿En qué tiempo estoy: ayer, mañana? ¿Que es el ahora? Si no tengo espacio ni tiempo en el que moverme, ¿de qué libertad se habla? ¿Qué es la libertad? Un número cualquiera: 34678, 9870, 375091. ¿Será cierta la teoría de la cuerda? Unas veces se aferran como alimañas a tu cara, tu ropa y tus zapatos. Te persiguen, te acosan. –¡Maldito, apártate de mí! ¡Mantente en pie!, ¡no desmayes!, ¡no caigas! ¿Dónde está ahora ese norte que guía mis pasos? Se me escapa una y otra vez, es muy escurridizo. Siento tamborilear mis oídos; ruido intenso, acuciante, desesperante. Voces, muchas voces y sonidos; no ritmo. Silencio, no hay silencio. Calle, no me abandones a estos lobos. ¿Y si caigo, alguien me ayudará a levantar o, por el contrario, me ignorarán, me pisotearán?

No sabe cuánto tiempo ha pasado y trata de dar algunos pasos, pero las piernas están fuera de control.

¿Alguna vez lo han tenido? Luces confusas de muchos colores vislumbro en las paredes. Gente estupefacta mirándome. Se apartan de mí, se alejan. Náuseas… siento náuseas.

Se arma de valor y, con la escasa y bien oculta energía que le resta, avanza en medio de la mayor dificultad para atravesar una calle ancha, repleta de vehículos. Alguien le pregunta: -¿Le ayudo, señor? Rechaza la ayuda, siente temor a ser tocado…

Ellos no ven el sol, nunca han contemplado la primavera ni el otoño, pero sí miran mi zigzagueante caminar.

–¡Una limosna, por favor! Escucha una voz lejana decirle a su lado y siente de nuevo temor. Todo le resuena en el oído.

–Le hago de todo, señor, de todo, le susurra una joven al oído. No la mira, ni siquiera voltea a verla. No puede, la cabeza le da vueltas como a un muñeco.

¡Tanta mierda económica! –grita. Algunos voltean a verle. La imponencia del gran banco le asusta, la somnolencia le persigue y el ruido intenso le desespera. Trastrabilla pero no cae, Alguien, con cierta generosidad, le sostiene. Aparta su brazo de él. Sigue sin capacidad de coordinar sus movimientos. Los corpúsculos juegan a su alrededor. Ignora el tiempo que ha transcurrido pero todavía es clara la tarde.

Alcanzo a llegar, dice casi en voz alta. La tarde se resiste a morir en medio del gentío y se desborda con impecable precisión sobre el asfalto. Por fin, llega a El Parque y se acomoda en el único banco desocupado que encuentra. No sabe cómo lo ha logrado.

–¿Necesita algo, señor?, le pregunta alguien, y agrega: –Puedo ofrecerle algún escape. Lo duda. El sol ha logrado sobrevivir y él, con la mirada perdida, lo mira colarse por entre la maraña de edificios. Un pequeño lago de luz aparece y lo ilumina. No está solo; se siente acompañado. Las baldosas resplandecen y la pintura de las casas se muestra agreste. Lucha contra la oscuridad. Cree haber visto pasar velozmente una larga mancha roja, al tiempo que una bandada de palomas, cabezas blancas, revolotean altaneras a su alrededor. Nubes grises en el cielo y un agudo silencio que se escapa hacia los cerros parecen acompañarlo, mientras de arriba, de los vigilantes cerros, se escurre un frío intenso. Tirita. La pesadez de sus párpados se hace más notoria. De nuevo se siente solo.

¿Quién soy? ¿Soy yo?

Son las seis de la tarde. Una inexplicable tranquilidad se refleja en él, y aunque de nuevo vagos recuerdos parecen venir a su mente en medio de un cansancio mortificante, no pierde la serenidad. Dobla los brazos mientras muere el día entre las tinieblas con el último sol de la ciudad.