Reseña de Cien años de soledad

Cien años de Soledad

Gabriel García Márquez

Editorial La Oveja Negra Ltda., 18ª. Edición colombiana. 1989

Cien años de soledad es una de las más importantes obras escritas en lengua castellana, del escritor Gabriel José de la Concordia García Márquez, nacido en Aracataca (Magdalena, Colombia) el 6 marzo de 1927 y quien falleció el 17 de abril de 2014 en México. La novela hace su aparición en 1967 con el sello de Editorial Suramericana de Buenos Aires y es una de las obras más traducidas a otros idiomas.

Contexto histórico

En un contexto histórico que comprende desde mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, la novela narra la historia, en tercera persona o narrador pasivo heterodiegético, decir externo a la historia, de la estirpe de los Buendía (José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán), desde cuando partieron para fundar Macondo, la aldea, el pueblo imaginario, en que a lo largo de cien años transcurre la mayor parte de los acontecimientos de las diversas generaciones de los Buendía. Macondo nace y muere en la narración. Aunque Macondo es el espacio por excelencia, el “mundo ideal”, el paraíso, hay otros espacios relevantes en la novela, como son la casa inmensa de los Buendía, la ciénaga, el taller, la tienda y otros.

El inicio

Desde el comienzo, ningún lector se sustrae a la genialidad del relato al sumergirnos en un mundo de historias, situaciones y pasajes exagerados en el cual se mezclan, en un solo haz, la realidad con la fantasía, lo mágico, lo ficcional y lo fantástico.

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces…” es una frase que desata con la inmensa fuerza de la escritura creativa toda suerte de emociones y sentimientos al conjugar recuerdos, tiempos, espacios, personajes, creencias, mitos, leyendas, historias, etcétera.

Partes narrativas

La novela se encuentra dividida en veinte partes narrativas que carecen de título y de numeración. La principal caracterización de la misma son los reiterados saltos en el tiempo hacia atrás y hacia adelante, aspecto que nos lleva a afirmar que esta es la técnica narrativa empleada por el autor que se destaca principal y especialmente en el interior de cada secuencia o parte. Es esta particularidad del relato lo que caracteriza la técnica fantástica del autor.

Después del impacto emocional de las primeras páginas, el lector queda aferrado a la fascinación y el interés por conocer la historia real o ficcional de Macondo, de los personajes que lo habitan (que no son pocos), del drama de la soledad que los agobia, de sus recuerdos y olvidos, de sus sueños y ambiciones, de sus padecimientos y creencias.

Temas centrales

Los temas centrales de la novela son la soledad, el incesto, el silencio, las enfermedades mentales con las que deben tratar los Buendía; asimismo, la libertad, la prisión, las equivocaciones y las frecuentes guerras, en la que se debaten los personajes y el propio Macondo. La explicación de esta soledad se encuentra en la incapacidad de amar de los personajes o en sus prejuicios, lo cual se rompe con el matrimonio de Mauricio Babilonia y Amaranta Úrsula, que desatan un final triste en la historia en que al único hijo procreado con amor lo devoran las hormigas. La estirpe, como figura escrito en los pergaminos, estaba condenada a cien años de soledad. Otros temas están referidos al ámbito religioso, en especial al catolicismo de los personajes, y la muerte de muchos personajes.

Acciones, trama, sucesos,

En la adolescencia, el primogénito de los Buendía mantuvo una tormentosa relación sentimental con Pilar Ternera, “una mujer alegre, deslenguada, provocativa, que ayudaba en los oficios domésticos y sabía leer el porvenir en la baraja”. El embarazo de Pilar Ternera empujó a José Arcadio a irse con los gitanos. Úrsula salió a buscarlo y, aunque no logró encontrarlo, regresó al cabo de cinco meses con la noticia de que al otro lado de la ciénaga “había pueblos que recibían el correo todos los meses y conocían las máquinas del bienestar”, que superaban el primitivo aislamiento que llevaban en Macondo. El contacto con las poblaciones vecinas supuso un impulso de prosperidad para Macondo.

Por esa misma época, el pueblo fue víctima de la peste del insomnio, episodio del que se dice que es uno de los más imaginativos de Cien años de soledad: “La india les explicó que lo más temible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido. Quería decir que, cuando el enfermo se acostumbraba a su estado de vigilia, empezaban a borrarse de su memoria los recuerdos de la infancia, luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de las personas y aun la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotez sin pasado”.

Los capítulos 6, 7 y 8 dan cuenta de los levantamientos del coronel Buendía, y de cómo la tranquilidad de la aldea se altera por las guerras civiles que durante veinte años asuelan el país. Se vive el levantamiento del coronel Buendía, su encarcelamiento y su fuga, el mandato de José Arcadio y sus insólitos bandos para imponer el orden en Macondo. La muerte de Melquíades, la llegada del telégrafo; el fusilamiento de Arcadio, quien deja dos hijos, José Arcadio Segundo y Aureliano Segundo, y una niña –Remedios, la Bella–; el misterioso asesinato de José Arcadio, el sueño de los cuartos infinitos y la galería de los espejos paralelos, el enclaustramiento de Rebeca y la llovizna minúscula de flores amarillas hacen también parte de estos capítulos. Cuando todo el pueblo se hallaba ya en la fase terminal de la enfermedad, regresa de la muerte Melquíades, quien prepara una pócima y les devuelve los recuerdos a los habitantes de Macondo.

El coronel Aureliano deserta de las tropas federalistas nicaragüenses y se enrola en un buque alemán para reaparecer en su casa y fijarse otra vez en su tía Amaranta, con quien ya había tenido relaciones siendo niño todavía. No manifestaba temor alguno a que un posible hijo naciera con cola de puerco por esta relación incestuosa. “La tarde en que lo vio pasar frente a su dormitorio pensó que Pietro Crespi era un currutaco de alfeñique junto a aquel protónico cuya respiración volcánica se percibía en toda la casa”.

El nacimiento de José Arcadio, hijo de José Arcadio y Fernanda del Carpio, y la llegada de la compañía bananera a Macondo inician una nueva etapa en el diario transcurrir de la aldea. Se suma la llegada del tren amarillo, la bombilla eléctrica, el cine, el gramófono y el teléfono.

José Arcadio Segundo y Aureliano Segundo, gemelos, son los personajes principales en tiempos de la compañía bananera. Compartieron amores de juventud con la misma mujer, Petra Cotes, quien, por no distinguirlos, mantenía relaciones con ambos. La prosperidad de Macondo y los Buendía se ve acompañada de crecientes conflictos sociales que desembocan en una sangrienta represión en que mueren más tres mil obreros de las bananeras.

Entre los capítulos 13 y 15 se relatan las condiciones de Petra Cotes, con “un corazón generoso y una magnífica vocación para el amor”. Las preocupaciones de Fernanda por la Meme, las mariposas amarillas que acompañan a Mauricio Babilonia y la llegada del hijo de la Meme –otro Aureliano– marcan esta parte.

Finalmente, en Macondo se presenta un diluvio bíblico de más de cuatro años que da lugar a la última parte, entre los capítulos 16 y 20. El relato lleva a la decadencia y la destrucción de Macondo y el final de la estirpe. Los últimos descendientes de los Buendía, pertenecientes a la quinta y la sexta generaciones, apenas sobreviven en un pueblo arruinado, hasta cuando la estirpe se extingue en un descendiente con cola de cerdo, hijo de Amaranta Úrsula y Aureliano Babilonia, quien descifra las profecías del gitano Melquíades sobre Macondo. El anuncio de su destrucción se cumple en el momento mismo de su lectura.

Se recordará el capítulo 19, que relata el regreso de Amaranta Úrsula con su esposo Gastón amarrado por el cuello y 25 parejas de canarios. Gastón llega a comerse un sartal de 82 huevos de iguana; el conocimiento de Aureliano de varios idiomas, aunque nada le interesaba más que los pergaminos y su relación con Nigromanta y las acaloradas discusiones de Álvaro, Germán, Alfonso y Gabriel en la librería del sabio catalán, lo cual se constituye en un homenaje a sus cuatro amigos.

Desenlace

El último capítulo transporta al remate de la librería por el sabio catalán y el regreso suyo a su aldea mediterránea que lleva a la exclamación: “El mundo habrá acabado de joderse el día en que los hombres viajen en primera clase y la literatura en el vagón de carga”. Se suma a esto la partida de Macondo de los cuatro amigos, la tormentosa relación de Amaranta Úrsula y Aureliano, la búsqueda de la verdad de su parentesco, la soledad y el vagar de Aureliano por todo el pueblo y su llanto con el cantinero escuchando canciones de Rafael Escalona, la vista del niño arrastrado por las hormigas y la revelación de las claves definitivas de Melquíades para descubrir lo escrito en los pergaminos.

La lectura deja una increíble experiencia literaria, hasta el punto de que la confusión que en ocasiones se presenta por la cantidad de personajes, lo cual es en realidad una de las particularidades del libro, pasa a un segundo plano, aunque tratar con siete generaciones y más de 40 personajes, sin mencionar los 17 Aurelianos, no resulta nada fácil.

Personajes

Centrándose en los personajes de la familia de los Buendía, se recordará, además de los fundadores (Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán), a José Arcadio, Aureliano, Amaranta y Rebeca, que pasan a ser la segunda generación. La tercera se constituye con Arcadio (en realidad, hijo de José Arcadio hijo y de Pilar Ternera), Aureliano José y los 17 Aurelianos. La cuarta generación está conformada por Remedios la Bella, José Arcadio Segundo y Aureliano Segundo. Renata Remedios (Meme), José Arcadio y Amaranta Úrsula pertenecen a la quinta generación. En la sexta aparecen Aureliano Babilonia, hijo de La Meme, y

Mauricio Babilonia, y en la séptima y última generación Aureliano, hijo de Aureliano Babilonia y su tía, Amaranta Úrsula, quien, como se recordar, nació con cola de cerdo, tal como Úrsula pronosticó.

Otros personajes destacados fuera de la familia de los Buendía son al corregidor Apolinar Moscote, Melquíades, Remedios Moscote, Fernanda del Carpio, Prudencio Aguilar, Petra Cotes, el padre Nicanor Reyes, Pilar Ternera, el doctor Alirio Noguera, el falso homeópata; Santa Sofía de la Piedad, mujer de Arcadio; Nicanor Ulloa y Rebeca Montiel, padres de Rebeca Buendía; Pietro Crespi y Gerineldo Márquez; Mr. Heber y Mr. Brown, de la empresa bananera; Mauricio Babilonia, Gastón, Nigromanta, las mujeres de mala vida, la Elefanta, el sabio catalán, Gastón y los cuatro amigos de Aureliano Babilonia, los discutidores Álvaro, Germán, Alfonso y Gabriel. Otros personajes son Mercedes, Rafael Escalona, Lorenzo Gavilán y Artemio Cruz.

Emociones y sentimientos

La lectura, además, desata emociones y sentimientos al conjugar recuerdos, tiempos, espacios, personajes, creencias, mitos, leyendas, historias. Los reiterados saltos en el tiempo hacia atrás y hacia adelante, y la constante repetición de los nombres en la familia dificultan la comprensión de la novela. Pero esta particularidad del relato hace parte de la técnica fantástica del autor.

Aunque la novela presenta situaciones alusivas a la realidad, como se lee en algunos de los hechos históricos relatados –las numerosas guerras civiles que se dieron en el país entre los liberales y conservadores, la existencia de la compañía bananera y la matanza de sus trabajadores–, es indudable que en la misma prevalece lo ficcional, lo fantástico, lo maravilloso, como se puede ver en la elevación de Remedios, la profecía en los pergaminos de Melquíades, la levitación del padre Nicanor, las cosas extraordinarias con las que se presentan los gitanos, los experimentos fallidos de José Arcadio, las numerosas exageraciones a lo largo de la novela, eventos literarios éstos con los cuales se marca una nueva era de la literatura latinoamericana. Asimismo, con frecuencia el autor recurre a algunas figuras literarias, entre las que se destacan: oxímoron (exageraciones), sinestesia (metáfora para indicar sensaciones corporales), anáfora (repetición para enfatizar), símil (comparación) y epifonema (frase de enseñanza).

En todo caso, fantasía, alquimia, magia, ficción, realidad, historia, se unirán alrededor de factores como recuerdos, olvidos, sueños, ambiciones, supersticiones, invenciones, costumbres, hábitos, creencias, locuras, pestes, temeridades, clarividencias y rechazos de los personajes que forman un mundo de imágenes fantásticas. Dentro de este campo, se destacan las numerosas guerras, las empresas delirantes, las cuatro calamidades que determinan la decadencia de la estirpe de los Buendía, las mariposas disecadas, los pergaminos que debían cumplir 100 años, el tren amarillo, las mujeres que flotan, la destrucción del laboratorio de alquimia, la locura de José Arcadio, el recorrido del hilo de sangre, el sueño de los cuartos infinitos y la galería de los espejos paralelos, el aire de soledad, la peste de la proliferación; la llegada de las bombillas eléctricas, el cine, el gramófono y el teléfono en la estación del tren; la llegada de Mr. Heber y Jack Brown, la levitación de Remedios, la huelga de los obreros, el asesinato de 3.406 obreros, las mariposas amarillas y muchas más.

Reseña preparada por Leonardo Gutiérrez Berdejo

Excelente memoria y cincuenta sombras

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La cumbre (fragmentos)

Presagios

…Un olor rancio, penetrante, invade el recinto y un ligero polvillo se adhiere a su mano al manipular los cuadernos. “Suficiente por hoy”, dice Granciano con voz apagada. Se muestra cansado, pero satisfecho. Muestra una sonrisa maliciosa.  Mientras se dirige a la salida, se alisa el desordenado cabello con las manos, apaga el interruptor de la luz y, cierra finalmente el lugar con una pesada puerta metálica.

Es una recóndita biblioteca, con la entrada camuflada entre una de las paredes de la antigua, pero bien conservada construcción. Es inmensa, como lo es la propia historia del lugar en el que nació Gambote. Al salir, Granciano asegura la puerta con una malla de acero y con un candado, tan viejo como lo es la propia edificación. Finalmente, camufla la acerada malla con una cortina de paño. Se encamina, luego, con pasos calculados y serenos, por un largo pasillo, débilmente iluminado, hacia el Salón de Clarividencia ubicado al otro costado de la casa, cerca de la gran entrada. Por varias claraboyas ubicadas en lo alto de las paredes se cuelan los primeros rayos del sol. Se le ve somnoliento.

Varias semanas después, con los primeros pasos que da para dirigirse de nuevo al Salón de Clarividencia, cree escuchar lo que parece ser la voz de su padre Benancio. Pareciera que, desde el lugar de la casa en el que se encuentra, la voz emergiera igual a como si brotara de lo profundo de una caverna o de un enredado laberinto. Pasmenio se detiene…, silencio…, la voz no está…

La cumbre

UNO
Presagios
Después de levantar, en compañía de su madre, a su padre Benancio que yace tendido y malherido en el piso al frente del Castillo, y atenderle las heridas sangrantes que tiene, Granciano se retira a su alcoba. Se tiende boca arriba sobre la cama. Por un instante, piensa en lo ocurrido y se pregunta sobre quién o quiénes pudieron haber lastimado a su padre y por qué. La última campanada, de once que dio el reloj, apenas la escucha. Dos minutos más tarde, percibe la cercanía de las tres figuras que a diario lo acosan. Dos de las figuras vienen adelante, vestidas con túnicas negras. El horror del odio y de la maldad se reflejan en las máscaras que usan. Blanden largas y afiladas espadas en actitud amenazante. La tercera figura, viene detrás de las otras dos, trae encasquetada una túnica roja y lleva una máscara diabólica. Tiene en una de sus manos un tridente con la que lo amenaza ensartarlo.

Las tres figuras vociferan maldiciones e imprecaciones vulgares y satánicas; el olor nausea-bundo del odio llega hasta él. Se encuentra indefenso y acorralado contra la pared. Suda, tiembla, el espasmo del pavor le corre por la sangre, lo paraliza. Está helado, como un tém-pano de hielo, respira horror, exhala pánico. Granciano, mira horrorizado a los dos hombres, con espadas en mano, lanzarse contra sus piernas con la intención de cortárselas, en tanto que el espectro de rojo lanza el tridente directamente a su pecho. Lanza un grito de dolor que se escucha en toda el Castillo y se levanta empapado en sudor. Permanece sentado un instante en el borde de la cama. Fidencia Concepción, su madre, que ha escuchado el grito, le trae un vaso con agua. Trata de conversar con él, pero Granciano está atemorizado. El sueño se ha ido.

Después de que se le ha pasado el temor, se levanta y se dirige a la biblioteca. Saca un vo-luminoso cuaderno, toma un bolígrafo y escribe: “Las pesadillas de los tres malditos han vuelto de nuevo, no me dejan dormir. Cual inexorable cita a cumplir, apenas me sumerjo en el sueño, hacen de inmediato su diabólica aparición… Cada noche es lo mismo, siento que los tres me acorralan y cada vez más, el frío de las cimeras afiladas de las espadas destroza mi piel, me amputa las piernas, en tanto que la rústica y pesada lanza tridente desgarra mi corazón. Estoy desesperado. Siento que mi alcoba y toda la casa es una caja de horror, tiene el olor de la sangre impregnada…He de protegerme y proteger a mi madre Fidencia y a Benancio, mi padre. Nada parece ser igual, después de lo sucedido a mi padre Benancio… Desde el tenebroso e indescifrable mundo de las pesadillas, la envidia y el horror, las ame-nazas y el odio, han empezado acechar la vida de El Castillo, su casa, su hogar de siempre, que nada de especial tiene…salvo la historia, además del tamaño y la ubicación… frente al mar…”. (Punto final)”.

Por un instante, recuerda a su antepasado Ramaben Benítez, el primer y más antiguo de los Benítez que llegó a estas tierras, ciento ochenta y un años antes de que lo hiciera el almiran-te Cristóbal Colón. “Aquí, en este lugar, se estableció y pudo preservar de la mejor manera los cuadernos y el péndulo ojo de tigre que trajo consigo, además de otros objetos que pudo rescatar cuando huyo de Egipto. Razones de sobra tuvo para construir este caserón, cons-truido con la ayuda del jefe indígena Pascual y su pequeña tribu con quienes se encontró en este lugar, y hacer dentro de esta inmensa mole, este reservado lugar en el que ahora me encuentro, sólo para resguardar, en lo más recóndito de los pasadizos de esta colosal y la-beríntica estructura, lo mejor que pudiera el Codex-Benítez”.

 

Cuando Granciano termina de releer varias veces las quince páginas que ha escrito en un voluminoso cuaderno, lo cierra, y lo regresa al estante al lado de otros idénticos. Con deli-cadeza, examina otros, y selecciona uno más. Lo abre en la parte en la que está una pequeña concha rectangular de carey que hace de separador y lee unas diez o doce páginas. Al ter-minar la lectura, lo regresa al mismo lugar en el que estaba, al lado del anterior.

Son más de ciento cuarenta y tres cuadernos los que allí se encuentran. Algunos tienen hasta dos mil páginas. La mayor parte de ellos, están plegados, cosidos y encuadernados a mano y otros están guardados en estuches bellamente de cuero decorados. También se encuentran rollos y pergaminos antiguos. Todo este conjunto de cuadernos, rollos, pergaminos, es el Codex en el que los Benítez han consignado durante siglos el testimonio fiel de su historia, logros destacados y avances culturales y científicos. Allí se encuentran relatos de mitos, leyendas, inventos y de fórmulas químicas de medicamentos. Se reseñan, también, costum-bres y prácticas, recetarios de cocina. La similitud y el estricto orden que guardan los cua-dernos en los estantes es asombrosa, pero los tamaños y los colores varían. Su nombre completo es el Codex-Benítez…

James Joyce y la palabra exacta

Frank Budgen, un pintor inglés amigo del gran novelista James Joyce, relata haberse encontrado con el escritor y haberle preguntado por cómo avanzaba su libro (Ulises):

—He estado trabajando duro durante todo día—respondió Joyce.
—¿Significa esto que has escrito mucho? —pregunté.
—Dos frases —respondió.
Esto me hizo gracia, pero al darme cuenta de que no sonreía, me acordé de Flaubert.
—¿Has estado buscando “le mot juste”*?
—No —me dijo— las palabras ya las tengo. Lo que estoy buscando es el orden correcto de las palabras dentro de la frase.

Tal vez este empeño obsesivo por la perfección sea un privilegio de otros tiempos, pero no está de más recordarlo para comprender que, detrás de las maravillas de la literatura, hay siempre un esfuerzo titánico.


*”Le mot juste” es una expresión francesa que significa “la palabra exacta”. Gustave Flaubert popularizó la expresión. Según él, cada palabra del texto debía elegirse con sumo cuidado para asegurar que fuera justo la necesaria.

¿Alucinamos, Clink?

Sobre ¿Alucinamos, Clink?

No se me ocurre cosa distinta, al escribir estas líneas, que la siguiente: ¿quién no ha pasado por la angustiosa presión que produce una espera?, ¿quién, acaso, no ha sentido, en algún momento, la agobiante sensación de una alucinación? Es cosa común y corriente que, por alguna razón inexplicable, nosotros mismos o algunas otras personas, con quienes habitualmente vivimos o nos relacionamos, hayamos sufrido alguno de estos dos problemáticos casos.

Sabemos que hay esperas y alucinaciones de todo tipo. Hay esperas de enamorados, casuales, fallidas, de amigos, de las que uno quisiera que jamás se dieran; las hay que nos llenan de esperanza y otras más de incertidumbre y de miedo; también aquellas que nos deparan aflicción y alegría, felicidad y llanto, y, desde luego, las hay también funestas, cargadas de odio y, muchas, abiertas al placer.

Igual sucede con las alucinaciones. Todos, en algún momento de nuestras vidas o alguien, quizá, de nuestro entorno, ha experimentado alucinaciones, esas extrañas sensaciones en el cuerpo o en nuestros sentidos, sonidos inexistentes de música, de pasos, de puertas o ventanas que se abren o se cierran o que, en el peor de los casos, son golpeadas misteriosamente, sin que sepamos por qué o por quién; voces y conversaciones, gemidos angustiosos, órdenes o rechazos de seres a los que no vemos, pero que llegan hasta nosotros como si estuvieran presentes; también, luces, sombras, seres, olores y colores, que se agolpan en torno de nosotros, quizá, esperando el mejor momento para enviarnos un mensaje.

Los relatos de este libro llevan el sello de lo fantástico que encierran esas esperas y alucinaciones o, al menos, esa es la pretensión hacía lo inesperado y misterioso, hacia lo incierto y lo no deseado. Esto es lo que le sucede al leñador Lucas, al niño que espera a que su madre lo bañe, al hombre que cree hacer un viaje misterioso a Babilonia, al hombre que vive en una permanente fuga, a quien ha celebrado un brindis para festejar un golpe o a la persona a la que veremos visitar a una mujer en su tumba para reclamarle por su reprochable actitud calumniadora. Distorsiones del tiempo y del espacio que, con frecuencia, sufrimos, son representadas, aquí, a través de diez relatos, que dejo a disposición de quienes gustan de enfrentar estas realidades inesperadas e inciertas.

¡Qué extraño y aburridor sería este mundo si eso que llamamos realidad, no estuviera atravesada, absurda e inexplicablemente, por cosas u objetos, situaciones o momentos, que sólo pudieran ser explicados por la lente de la razón! Los agobios de las esperas y
las alucinaciones, como muchas otras cosas irracionales, también
tienen su particular encanto.

LEONARDO GUTIÉRREZ

7 de septiembre de 2017